A pesar del creciente y extendido repudio a la reforma laboral en los lugares de trabajo, el gobierno logró que se apruebe en Diputados, tras media sanción en el Senado la semana pasada. Ahora, como producto de la bronca popular que crece no sólo por la reforma sino por ola de despidos y el intento de cierre de FATE, el gobierno tuvo que sacar el artículo que reducía el cobro por licencias por enfermedad y por eso el proyecto vuelve para su tratamiento en el Senado la semana que viene.
Con 135 votos a favor del PRO, el radicalismo y sectores del peronismo que, o votaron directamente y permitieron que se realizara la sesión dando quorum, el gobierno de Milei logró avanzar en el Congreso con una ley que implica un ataque histórico contra la clase trabajadora. Quienes votaron en contra fueron los diputados de Unión por la Patria, el Frente de Izquierda y la Coalición Cívica, entre otros. La profundidad del retroceso en derechos es enorme.
Un ataque histórico contra la clase trabajadora
Cuando decimos que la reforma es “esclavista” no exageramos. Veamos algunos de sus ataques como muestra de lo que implica en quita de derechos laborales.
Se elimina lo que se llama “ultraactividad” de los convenios colectivos de trabajo. Lo que significa que los convenios que contienen derechos laborales históricos pierden efecto si no son renovados “por acuerdo” entre trabajadores y patronal. En la práctica hará que se caigan estos convenidos, quitando todo tipo de derechos. Además, se impondrá el “salario dinámico”, dejando librado el salario a la productividad y ganancia de la patronal.
Se reduce el monto de las indemnizaciones por despidos, en donde ya no se tomará para el cálculo el mejor sueldo sino el básico, dejando de lado en la contabilización el aguinaldo, vacaciones, premios, etc. Se crea el Fondo de Asistencia Laboral (FAL) que implica que se pagará las indemnizaciones con los fondos de los trabajadores jubilados del ANSES, además de habilitar que se pueda utilizar ese dinero para la timba financiera en la Bolsa de Valores. A eso se le suma que la reforma habilita ampliar la jornada laboral de 8 a 12hs, y crea el banco de horas que hace que las horas extra ya no se paguen y se “compensen” en otra jornada laboral, lo que implica en los hechos una reducción sustancial del salario en muchas fábricas donde los trabajadores hacen uso de las horas extras para compensar los bajos salarios.
Además, se limita drásticamente el derecho a huelga y la posibilidad de realizar asambleas en el horario laboral. Una medida que se aplica extendiendo a casi todos los trabajadores el carácter de “esencial”, sólo con el objetivo de quitar el derecho del trabajador a reclamar y organizarse en su lugar de trabajo.
Por otro lado, se derogan los estatutos del periodista, viajantes de comercio, peluqueros, personas de artes gráficas, choferes particulares, entre otros, buscando quitar derechos conquistados históricamente por estos sectores que permitían estabilidad laboral, vacaciones, etc.
En otro de los ataques a un derecho histórico, la ley establece el fraccionamiento de las vacaciones. Allí se establece, como ya dice la ley actual, que el período de vacaciones puede ir del 1 de octubre al 30 de abril, pero, lo nuevo que se agrega es que pueden hacerse “fuera del referido período” y que la patronal tiene que avisar al trabajar con no menos de 30 días antes, en lugar de 45 como es hoy. Con esto la patronal puede dar las vacaciones en cualquier momento del año, cuando le sea más conveniente sin importar nada la vida del trabajador, su organización familiar, etc.
La lista de ataques sigue y tienen un doble objetivo: bajar los “costos” laborales de los empresarios y reducir el poder de negociación de los trabajadores en defensa de sus derechos. Una pérdida de derechos enorme.
La CGT y la estrategia de la “huelga pasiva”
Desde la OST estuvimos meses realizando una intensa agitación y campaña en los lugares de trabajo contra la reforma laboral. Recorrimos ministerios públicos, volanteamos y hablamos con los trabajadores en las puertas de las principales fábricas de la región de La Plata, Berisso y Ensenada. Entre las proclamas que levantamos fue la exigencia a la CGT y CTA de que convoquen un PARO GENERAL ACTIVO para cuando se trate en el Congreso la ley. En la medida que son las organizaciones sindicales que nuclean a la mayoría de los trabajadores sindicales del país, tienen la responsabilidad y la obligación de convocar a la lucha, a la huelga y a la movilización.
Cuando fue la sesión en el Senado la CGT se limitó a una movilización sin paro, sólo garantizando colectivos para la marcha para los delegados sindicales. La CTA hizo algo parecido, pero con paro, aunque no hizo una convocatoria masiva hacia los estatales y docentes para movilizar miles y miles. Un ejemplo en la región es que en el Astillero Río Santiago se negaron a poner colectivos para que asistan los más de 2.000 obreros, y sólo lo hicieron para los delegados. Así y todo, la movilización al Senado tuvo una participación importante de trabajadores que concurrieron de forma independiente, además de la participación de la izquierda y los sindicatos combativos que habíamos planteado la necesidad de un carácter activo y masivo del paro. Ahora bien, aunque la movilización fue importante no alcanzó para una irrupción de trabajadores que impacte en el Congreso e impida que se vote la ley, que finalmente obtuvo media sanción con una sorpresa para millones: se reducían los pagos al 75% y al 50% las licencias por enfermedad.
Esto impactó muchísimo en todos los lugares de trabajo, revelando el fuerte carácter antiobrero de la reforma y forzó a la CGT a tener que convocar al paro general. Pero esto tenía una trampa: en lugar de que toda esa bronca contra la reforma se canalice en las calles, única clave para derrotarla, la CGT buscó encauzarla por medio de un paro pasivo, “dominguero”, buscando que el rechazo masivo se exprese paralizando el país. Así, una acción de masas contundente como un paro nacional, que podría haber servido para que millones de trabajadores movilicen al Congreso, fue utilizada por la burocracia sindical para “pasivizar” ese malestar y vaciarle las calles al gobierno para que tenga la “cancha libre” para sesionar de forma tranquila en el Congreso. El resultado es conocido: la movilización fue extendida a lo largo del país, pero reducida en CABA y sólo se destacó la presencia de la izquierda en la Plaza del Congreso y de una convocatoria escasa de los sindicatos de las CTAs y la UOM que no ingresaron a la Plaza.
Esta maniobra de la CGT fue parte de una política integral por parte del peronismo y su burocracia sindical: ubicarse como críticos del gobierno de Milei, pero no hacer nada sustancial y contundente para derrotarlo y hacerle peligrar sus planes reaccionarios. Porque si realmente en el peronismo hubiese una verdadera voluntad opositora, hubieran convocado desde sus lugares de dirección como los sindicatos, centros de estudiantes y movimientos sociales a grandes movilizaciones, huelgas y acciones de lucha. Con esa fuerza, el gobierno de Milei y los empresarios no podría haber ni avanzado con la reforma laboral, ni con la destrucción de decenas de miles de puestos de trabajo ni con los niveles de ajuste que hay en todos los ámbitos del Estado. Por eso la CGT decidió no movilizar, porque la bronca que existe en la base es enorme y necesitó posicionarse para no perder tanto prestigio ante sus representados, pero no convocó a movilizar para seguir siéndole servil a las patronales, dejando que Milei y sus cómplices puedan votar la reforma en el Congreso.
Sin embargo, a pesar que la CGT quiso “ocultar” su rol traidor convocando al paro general, esta acción traidora de la dirección sindical fue percibida por un enorme sector de los trabajadores. Cada vez queda más claro que son una casta que vive de los privilegios, alejada de los trabajadores y que no defiende a quienes dice representar. Y que por más que haga un paro, sólo lo hace para evitar un mayor repudio social, y no para realmente poner en pie un plan de lucha contra los ataques del gobierno.
Los pasos a seguir
Ahora la reforma vuelve al Senado. Todo parece indicar que el gobierno tiene a la mayoría de los senadores de su lado, aunque no está dicha la última palabra. Pero la bronca por la reforma es muy grande y tenemos que seguir alentando la movilización activa, las asambleas en los lugares de trabajo y la realización de paros para que los trabajadores puedan efectivamente participar de las medidas de lucha. Además, como cuestión más estratégica, hay que redoblar la organización independiente en cada lugar de trabajo para que seamos los propios trabajadores quienes tengamos el control de nuestros cuerpos de delegados y sindicatos, y no los burócratas traidores que transan con el gobierno y las patronales.
Por otro lado, los obreros del neumático están siendo atacados de forma brutal por la patronal de Madanes que pretende cerrar la planta y despedir a los 1.000 trabajadores que hacen años vienen protagonizando un proceso de organización independiente y antiburocrático. Se trata de una ofensiva antiobrera que no tiene comparación con otras desde que asumió Milei por parte de una patronal y golpea a una empresa que es parte insignia del complejo industrial y todo un síntoma del derrumbe económico al que está llevando el capitalismo decadente bajo este período político.
Al mismo tiempo no es cualquier fábrica desde el punto de vista de la clase obrera: los trabajadores del neumático han desarrollado muy importantes y combativas luchas en todos estos años, especialmente como producto de la rebelión popular del 2001 que contagió a los jóvenes obreros de la fábrica, dando lugar a un enorme y muy rico proceso política de organización antiburocrática. En parte este proceso se expresa en la conquista del sindicato, el SUTNA, dirigido por la izquierda, pero de un modo más general la planta contiene todo un activismo luchador que hace años la patronal quiere barrer. Por eso, apoyar a los obreros del neumático para que triunfen y derroten el ataque es clave y es una de las peleas fundamentales en este período.
El año comienza con ataques durísimos, pero también con los trabajadores empezando a dar las peleas para enfrentarlos. La clase trabajadora y la juventud en Argentina está bajo fuego de un gobierno y una clase capitalista que quiere destruir derechos históricos, pero las fuerzas que existen entre los explotados y oprimidos están intactas, no hay una derrota de esa capacidad de movilización y de lucha. En todo caso hace falta redoblar la organización por abajo, en cada lugar de trabajo y de estudio, poniendo en pie asambleas, eligiendo delegados independientes y recuperando los sindicatos para la lucha cuando se coloque la tarea delante.








