El próximo 24 de marzo se cumplen 50 años del golpe genocida de 1976. Medio siglo después, la fecha nos encuentra bajo un gobierno ultrarreaccionario como el de Milei en plena ofensiva: viene de conseguir la aprobación de la reforma laboral esclavista y otros ataques históricos como la baja de la edad de imputabilidad.
El gobierno de Milei se caracteriza por levantar la política más abiertamente negacionista y pro-genocida desde la caída de la dictadura a esta parte. Milei (y Villarruel) niegan los 30.000 compañeros desaparecidos y justifican el plan sistemático de represión, desaparición y tortura bajo la falsa excusa de “combatir al terrorismo”, es decir, recuperando el lenguaje y las justificaciones de los propios milicos que perpetraron el genocidio.
En este contexto, la pelea por reivindicar la lucha y la memoria de los 30.000 compañeros y por cárcel y castigo a los genocidas tiene un contenido político concreto: cómo luchar y cómo derrotar la avanzada reaccionaria de este gobierno. Por eso, la histórica movilización del 24 de marzo se convierte en el campo de debate de todos los sectores que quieren enfrentar a Milei sobre cuál es la política y la táctica para llevar adelante estos objetivos.
Luego de que el gobierno lograra el que fue su principal triunfo político desde que asumió, la aprobación de la reforma laboral, Milei quedó posicionado más a la ofensiva: ya anunció que prepara muchas más reformas, como la suba de la edad jubilatoria, el proyecto privatizador de “libertad educativa”, entre otras. Por eso, la tarea central del momento sigue siendo impulsar la más amplia unidad de acción en la lucha con todos los sectores que entiendan la necesidad de salir a enfrentar a este gobierno, levantando un programa de lucha. Frente a un gobierno tan duro, no es posible plantear una perspectiva de derrotarlo sin construir grandes acciones de masas. Esto se traduce en la necesidad de poner en pie nuevamente una masiva plaza unitaria contra el gobierno, logro que ya pudimos poner en pie el año pasado al calor de un intenso debate al interior del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia (EMVyJ). En las vísperas de un nuevo aniversario del golpe, se ha reabierto el debate.
¿Jornada de lucha o “fecha conmemorativa”?
Al igual que el año pasado, un sector del FITU, puntualmente el PO y el PTS, están impulsando una política abiertamente divisionista al posicionarse en contra de una jornada unitaria de lucha contra Milei, que es la posición mayoritaria dentro del EMVyJ y que también impulsamos desde la OST.
El posicionamiento de oponerse a marchar y acordar un documento en conjunto con la llamada Mesa de Organismos (donde se agrupan los principales organismos de DD.HH. vinculados al kirchnerismo) por parte del PTS y el PO combina dos argumentos: por un lado, se señala la alianza de los gobernadores peronistas con Milei, así como se remarcan las líneas de continuidad de la impunidad de los genocidas y la represión durante los gobiernos kirchneristas. Por otro lado, estos partidos hacen hincapié en la reciente traición de la burocracia sindical de la CGT que le permitió al gobierno aprobar la reforma laboral. No se trata de un debate menor sino de qué política llevar adelante desde la izquierda ante la avanzada mileísta y el rol traidor de las conducciones peronistas.
En este contexto, tanto el PTS como el PO señalan que la tarea principal para el próximo 24M es la “delimitación política” de los traidores, destacando el papel de la izquierda como el único sector que verdaderamente está comprometido en llevar adelante la lucha contra el gobierno. Pero esta táctica tiene un grave problema: no pone en el centro la necesidad de construir grandes acciones de lucha, la única forma en que podemos ganar frente a un gobierno tan reaccionario. El problema de partir de la “delimitación” es que se pasa por encima la experiencia real de los trabajadores y los sectores democráticos que, aun disconformes y con bronca por la política conciliadora de sus organizaciones, no rompen aun con sus direcciones, pero quieren luchar contra Milei. Por lo tanto, la tarea de la izquierda es desarrollar la táctica de la unidad de acción para arrastrar a más amplios sectores a una política de lucha. Y en esa medida favorecer una experiencia política con las direcciones.
Empecemos a desentrañar los principales argumentos del tándem PO/PTS. El primero es ya un lugar común en la política de estos partidos: señalar que los gobiernos kirchneristas también reprimieron, donde también se garantizó la impunidad de cientos de genocidas e incluso se mantuvo intacto el aparato represivo, lo que derivó, por ejemplo, en la segunda desaparición de Jorge Julio López en 2006, y que por lo tanto es un error confluir en una plaza común con ellos.
Aquí hay dos problemas. Primero, que la conclusión que sacan PO/PTS de estos hechos es una falsificación política: poner un signo igual entre todos los gobiernos, restándole peso al programa ultrarreaccionario de Milei como el más regresivo desde 1983 a la fecha y, por lo tanto confundiendo, en vez de ayudando a clarificar, sobre cuál es la tarea de hoy: derrotar al gobierno y sus planes. Si todos los gobiernos reprimen y la impunidad se mantiene “ayer y hoy”, entonces se pierde de vista que Milei representa no sencillamente la continuidad sino la profundización de una avanzada reaccionaria inédita en cuatro décadas. Como muestra valen los crecientes rumores que circulan acerca de que el gobierno estaría analizando indultar a los militares condenados por delitos de lesa humanidad: Milei no pretende simplemente continuar con la impunidad preexistente, quiere convertirla en un cambio histórico en nuestro país, revirtiendo conquistas históricas como los juicios y las condenas a los genocidas que se lograron a través de 50 años de movilización popular, y en particular como respuesta a la rebelión popular de 2001. Por eso, una masiva plaza contra esta tentativa es fundamental para pararle la mano a Milei.
En segundo lugar, y como parte de lo anterior, para justificar su posición el PTS defiende la idea de que el 24 de Marzo es una mera fecha conmemorativa, una especie de jornada de racconto y balance histórico o, en el mejor de los casos, una reivindicación de la lucha de los 30.000 pero totalmente escindida de cómo aquella pelea se traduce en los desafíos políticos de hoy.
Para nosotros el 24 de Marzo no es sólo conmemorativo, es una jornada de pelea política contra el gobierno, donde la reivindicación y la memoria de los 30.000, así como la lucha por justicia, se inserta en la pelea más general de cómo enfrentar y cómo derrotar hoy al gobierno de Milei. En todo caso, la cuestión del balance histórico y de reivindicar la memoria se lleva adelante de la mano de desarrollar esa pelea y no como una efeméride más en el calendario. Paradójicamente, en este punto el PTS sí que va detrás del kirchnerismo: fueron precisamente los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner quienes intentaron vaciar el contenido político del 24 de marzo, convertirlo en una mera jornada de memoria.
Así, el PO y el PTS instrumentan un rutinarismo político grave: la idea de que nada nunca cambia porque todos los gobiernos son burgueses. Es una política totalmente ajena a las enseñanzas del marxismo revolucionario que enseña que la mejor táctica política para el momento es la que mejor ayude a la clase trabajadora a luchar, y en ese proceso, avanzar en su conciencia, su organización y su disposición a la lucha. Eso implica, en condiciones en que no es la izquierda sino las direcciones conciliadoras y traidoras las que dirigen el movimiento de masas, llevar adelante tácticas como la unidad de acción para desarrollar una lucha que pueda derrotar los planes del gobierno, y en ese camino que las masas hagan la experiencia con sus direcciones a las cuales no basta con “denunciar” para que automáticamente las masas den el “salto” hacia la izquierda.
De la traición de la CGT a los desafíos de la izquierda
El otro argumento, que queda preso de la misma lógica, está más atado a lo coyuntural: Parte de constatar la evidente alianza de los gobernadores peronistas con el gobierno nacional, pero, sobre todo, de la traidora política de la CGT y el conjunto de la burocracia sindical peronista que, a pesar de sus matices, de conjunto permitió que el gobierno aprobara la reforma laboral y evitó que la clase trabajadora encare una verdadera pelea para derribarla. A raíz de estos hechos, el PO y el PTS argumentan que es inadmisible que vayamos a una plaza común con los traidores, y que en cambio la tarea principal es la delimitación política de ellos. En ese sentido, argumentan que ir a una jornada unitaria implica bajar nuestras banderas de lucha y subsumir a la izquierda en la política conciliadora del peronismo.
Pero el hecho es que esta política traidora del peronismo no es la de los cientos de miles de compañeros/as que se movilizarán el próximo 24 de marzo. A lo ya anteriormente explicado agreguemos que es una fatal incomprensión, o una malintencionada deformación, presentar la unidad de acción como una forma de “diluirse” en la política del peronismo cuando la naturaleza de dicha táctica es precisamente la contraria: pegar en una acción de conjunto para imponerle a esos sectores una política de lucha, y con esa fuerza poder torcerle al brazo al gobierno. Es decir, la unidad de acción en este contexto significa pelear por imprimirle a la Plaza del 24 de marzo, que será seguramente una jornada multitudinaria, un carácter de lucha, es decir, que denuncie la política de los traidores y que llame a la lucha contra el gobierno. Es decir, lo contrario a la política del peronismo.
La política de la CGT durante todo el tratamiento de la reforma laboral fue precisamente evitar tener una plaza llena que se plantee derrotar la reforma. Así se explican las maniobras de la central sindical los días en que se trató la reforma en el congreso: Al hacer primero una movilización sin paro y luego un paro sin movilización, toda la acción de la CGT estuvo orientada a evitar reventar la plaza Congreso de trabajadores contra la reforma laboral. Finalmente, las maniobras de la burocracia lograron su objetivo, una plaza semivacía mientras adentro del Congreso se votaba un ataque histórico contra los trabajadores. Tiene valor que la izquierda sí haya estado en la plaza ocupando el lugar vacío que dejó la CGT. Esto puede generar simpatía con la izquierda en amplios sectores, pero esto solo, por sí mismo, no alcanza para ganar ni para que haya un desborde a las conducciones. De hecho, muchos compañeros trabajadores vivieron esa jornada con bronca y decepción por la plaza semi vacía. No hay ningún automatismo que haga que ese sentimiento se traduzca en un giro hacia la izquierda.
Para el próximo 24M la situación es diferente, porque estamos en condiciones reales de imponer esa plaza masiva que el peronismo evitó tener en la pelea contra la reforma, es decir, partimos de un escenario mucho más favorable en ese sentido. Ya que no empezamos de cero sino sobre la base del triunfo que fue haber conquistado el año pasado una experiencia común en la primera plaza unitaria un 24 de Marzo en dos décadas. La base sobre la que discutir nuevamente este año es el documento común logrado en 2025, un documento que exigió el paro general y plan de lucha a la CGT, agitó por fuera el FMI, denunció al imperialismo y al genocidio en Palestina y pidió por la reapertura de archivos y los juicios no sólo por los crímenes de la dictadura sino también los de la Triple A peronista, entre otras consignas que históricamente levantamos desde la izquierda.1
Lamentablemente, el PTS y el PO están reeditando su política que los condenó a la marginalidad el 24 de marzo pasado. Se autoexcluyeron de esa experiencia valiosísima que fue una plaza repleta de compañeras y compañeros que no son dirigidos por la izquierda pero que estaban gritando nuestras consignas. Ese es el valor histórico que tuvo la plaza del año pasado, que lejos de “diluirse”, fue un paso adelante que muestra la potencialidad política que tiene la izquierda frente a la crisis del peronismo, siempre que se dé una política correcta para ganarse a esos sectores que constituyen una vanguardia de masas en nuestro país. El símbolo inequívoco de que fue un error político por parte de esas fuerzas del FIT-U (a las que se plegó el Nuevo MAS) fue que luego de realizada la jornada tuvieron que esconder su propia convocatoria divisionista y presentar las fotos de la plaza unitaria como si hubiera sido la de ellos, una patética negación vergonzante de su propia política. Lejos de haber hecho un balance de esa actuación sectaria, un año después estas fuerzas insisten con la misma política que los llevó a automarginarse.
En los últimos días, el PTS modificó su posición afirmando que finalmente sí estarían de acuerdo con una plaza unitaria, pero siempre y cuando se lean dos documentos, uno del EMVyJ y otro de la Mesa de Organismos. Se trata de una maniobra no para que con la unidad de acción podamos arrastrar a más sectores hacia la lucha sino para lo contrario, para que no salga, lo cual sería un verdadero paso atrás respecto al año pasado. Además, el PTS se posiciona por detrás de lo que ya conquistamos, el documento logrado en 2025, punto de partida desde el cual podemos pelear más por nuestra política. Así, la “propuesta” del PTS no pasa de una maniobra que intenta traficar como “unitaria” una política sectaria.
Por una plaza unitaria de lucha contra Milei
Llamamos a los compañeros a que revisen esta política sectaria que flaco favor le hace a la pelea contra el gobierno.
El próximo 24 de marzo vamos junto al EMVyJ por una plaza unitaria de lucha contra Milei. La traición de la CGT y la debacle del peronismo nos abre la posibilidad de llevar adelante una histórica jornada multitudinaria, unitaria y de lucha, donde la Plaza de Mayo esté abarrotada de cientos de miles de compañeros y compañeras que manifiesten la necesidad de salir a enfrentar a este gobierno reaccionario.
- El documento completo puede leerse acá: 24M: Histórica marcha contra el plan reaccionario de Milei a 49 años de la dictadura genocida – OST | Organización Socialista de los Trabajadores ↩︎








