Desde que asumió, Milei le declaró la guerra a la educación pública y por eso, quienes defendemos la universidad, nos pusimos en pie de lucha. Hace dos años se viene de un conflicto que supo construir la marcha educativa más masiva de nuestra historia, poniendo un freno a la ofensiva del gobierno. Pocas cosas son más legítimas en nuestro país que la gratuidad de nuestra educación superior. Es por esto, que con grandes movilizaciones, logramos que se apruebe la Ley de Financiamiento Universitario, a pesar de los vetos.
Sin embargo, llegamos a un tercer año de conflicto universitario. Si bien logramos frenar una parte del desfinanciamiento planeado hacia la privatización de la universidad, la Ley conquistada todavía no se aplica. El derrumbe del salario de nuestros docentes y no docentes es tan catastrófico que estamos viviendo un fenómeno histórico de “fuga de cerebros”. Nuestros docentes no pueden vivir con su salario y se ven forzados a irse al ámbito privado, a pesar de que trabajan en algunas de las universidades más prestigiosas y de calidad de Latinoamérica y el mundo. Al mismo tiempo, la gratuidad de la universidad no alcanza por sí sola para ser inclusiva mientras se acrecienta el deterioro social del estudiantado. Vivimos una crisis económica de las más profundas que hace cada vez más difícil poder mantener los estudios. Nuestros padres ven degradados sus salarios o sufren los despidos, al igual que los estudiantes que nos vemos forzados a trabajar. Alquilar y pagar las expensas empieza a ser un sueño difícil de alcanzar. Pagarnos los materiales de estudio, también. Por si fuera poco, este gobierno viene de recortar 1 millón de becas y, aún así, no hay ayuda que alcance ante el nivel de crisis económica que vivimos, lo que nos hace muy difícil poder sostener estudios universitarios.

En este contexto, el gobierno de Milei, en colaboración con el CIN, busca aplicar una nueva ley que apenas devuelve el 12% en cuotas, en lugar del 50% que impone la ley conquistada el año pasado. Por eso el conflicto continúa y sigue peligrando nuestra educación. Nuestros docentes realizan paros y se habla de hacer el 23 de abril una nueva marcha universitaria, entre otras medidas. Pero a esta altura es importante preguntarnos: ¿qué más o qué otra cosa tenemos y podemos hacer para ganar el conflicto en el que estamos? Desde La Revuelta sostenemos que hay que hacer aquello que en estos años de conflicto aún no ocurrió: que entre en escena el movimiento estudiantil dirigiendo el proceso de lucha, con sus métodos y organismos históricos de lucha.
¿Por qué esto aún no pasó? En primer lugar, porque los centros de estudiantes y federaciones, conducidos por el peronismo y la Franja Morada en sus múltiples variantes, militan activamente para que los estudiantes nos mantengamos al margen del conflicto o de manera subsidiaria como convidado de piedra. No sólo no convocan de verdad a asambleas estudiantiles, sino que el conflicto universitario aparece como un “aviso informativo” con un calendario de paros y marchas, que no incluye a ningún espacio para que los estudiantes podamos tomar decisiones sobre cómo llevar adelante esta lucha y aparecemos al margen. Cuando los docentes hacen paro, el rol de los estudiantes es quedarnos en nuestras casas. Cuando hay clases, nuestro rol es encerrarnos en aulas para consumir contenido de manera veloz en una carrera de caballos que no miran al costado, para recibirnos a como dé lugar.
Las autoridades de la Universidad junto con la Federación Universitaria (La Jauretche JUP – Patria Grande – Miles – CEPA) quieren evitar que emerja el movimiento estudiantil que sí quiere luchar si lo convocan de verdad. Tan es así que, por ello mismo, en la UNLP convocaron al Congreso más vaciado de la historia, montando una pantomima de asamblea, apartada, en la que se negaron a votar algo tan mínimo como realizar clases públicas con cortes de calles el día de vuelta a clases sin paro, tal como propusimos desde La Revuelta.

La burocracia estudiantil nos dice que en realidad a los estudiantes no les interesa el conflicto y nos repiten que “se volvieron de derecha” o “solo quieren estudiar”. Pero las marchas del 8M, 24 de marzo y la audiencia en defensa de la Ley de Glaciares, pobladas de jóvenes universitarios, nos demuestran que no es así. Existe efectivamente un sector de la juventud universitaria con ganas de luchar contra Milei y que, cuando la convocan de verdad, se planta y está dispuesto a luchar. Por eso desde La Revuelta sostenemos que hay que hacer como los estudiantes de Chile, que a solo dos semanas de que asumió el derechista Kast, salieron a las calles.
La historia del movimiento estudiantil, las movilizaciones, las tomas de facultades y asambleas construidas desde abajo, demuestran que sólo cuando entramos en escena y tomamos la posta somos capaces, no solo de conquistar presupuestos y salarios, sino también de tirar abajo los planes de gobiernos reaccionarios como este. Somos quienes junto a los obreros en los 60 y 70 construimos el Cordobazo, quienes en los 90’ luchamos contra la Ley de Educación Superior y evitamos las privatizaciones de la universidad, y quienes en el 2018 tomamos facultades en todo el país contra el gobierno de Macri.
Este 24 de marzo histórico demostró que hay fuerza social para enfrentar a este gobierno y también tirar abajo todo su plan reaccionario. Necesitamos contagiarnos de esa fuerza para lograr la aplicación del presupuesto universitario. Es por eso que es necesario empezar a organizarnos en asambleas estudiantiles para discutir nuestro plan de acción, generar la unidad con nuestros docentes y no docentes, y ser protagonistas de esta lucha hasta ganar.
- Por un movimiento estudiantil en pie de lucha
- ¡Aplicación de la ley de financiamiento educativo ya!
- Aumento salarial ya para docentes y no docentes








