La movilización del pasado 24 de marzo a 50 años del golpe genocida de 1976 significó una histórica jornada de lucha contra el gobierno, no sólo por la magnitud contundente de la movilización en todo el país, sino también por expresar de manera indubitable la voluntad de salir a enfrentar los ataques del gobierno. Lejos de tratarse solamente de una fecha conmemorativa, la marcha constituyó una jornada de lucha política contra el gobierno de Milei, lo que está en íntima relación con el carácter unitario que logramos imprimirle desde el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia (EMVyJ).

La fecha llegó en una coyuntura política adversa para el gobierno. A pesar de que Milei viene de anotarse los logros más importantes desde que llegó a la Casa Rosada, como la aprobación de la reforma laboral, el clima triunfalista le duró poco. La aceleración de la crisis social y económica, el repunte de la inflación y los escándalos de corrupción que salpican al oficialismo adquieren más atención de la sociedad de la mano del empeoramiento de sus condiciones materiales. Las recientes revelaciones del caso Libra y el alevoso enriquecimiento patrimonial de Adorni terminaron de decorar un marco de situación signado por la caída de la popularidad de Milei que se refleja en mayor o menor medida en absolutamente todos los sondeos de opinión. Al crecimiento de la desocupación, la recesión, los cierres de fábrica y los despidos, se suma también la persistente inflación, que se mantiene al alza hace ya nueve meses. Asimismo, luego de la traición histórica de la CGT durante el tratamiento de la reforma laboral, la pasada movilización del 8 de marzo ya había dado indicios de que las fuerzas sociales para enfrentar al gobierno no están derrotadas. La masiva movilización del 24 fue una confirmación categórica de esto.

El primer dato que surge de la jornada fue la contundencia de la marcha y su carácter nacional. Se trató del 24M más masivo desde que la ultraderecha libertaria llegó al poder. Según las estimaciones de los organismos de DD.HH. fuimos más de 500.000 personas copando la Plaza de Mayo y sus alrededores, y ese número asciende a más de un millón de personas en las calles considerando las masivas movilizaciones que se realizaron en todo el país, particularmente en Córdoba y Rosario donde en cada una hubo más de 150.000 personas. En total, más de un millón de personas se movilizaron en todo el país levantando las banderas de los 30.000 y repudiando la política negacionista y represiva de este gobierno.

El segundo elemento para destacar es cualitativo: gracias a la pelea que dio el EMVyJ por llevar adelante una marcha unitaria con una política de lucha, se logró imponerle al peronismo una jornada masiva con eje en la denuncia al imperialismo, la pelea contra el gobierno y la denuncia del rol traidor de la burocracia, en primer lugar de las centrales sindicales, así como se expresó la exigencia por paro y plan de lucha para derrotar los planes de este gobierno reaccionario.

El documento consensuado logró transmitir esta política, que no es la de las direcciones peronistas: el 24M fue políticamente un contrapunto a la plaza semi vacía diagramada por la CGT y CTA el día que se aprobó la reforma laboral. Se trata de la diferenciación nítida de dos políticas: la traidora y conciliadora política del peronismo, que maniobró para no enfrentar de manera real la reforma laboral mientras prepara la conformación de un frente electoral de “unidad nacional” para 2027, por un lado, y la plaza que denunció esta pasividad frente a la reforma y planteó la necesidad de luchar ahora contra el gobierno, por el otro. Es evidente que sin la intervención decisiva del EMVyJ, esta última política no se hubiera expresado en la masiva plaza.

Esto se ve claramente en el hecho de que el documento no sólo no hace mención de ningún “frente nacional” contra Milei sino que estuvo enfocado en combatir al gobierno libertario. En primer lugar, el documento denunció las agresiones imperialistas de Trump en América Latina y Medio Oriente, así como el genocidio perpetrado por Israel en Gaza. El texto remarcó que las centrales sindicales no llevaron adelante un plan de lucha contra las reformas de Milei, y exigió el paro y el plan de lucha hasta derrotarlas, una política opuesta por el vértice a la de la traidora burocracia sindical. Además, estuvieron presentes las principales luchas, como la del Garrahan y la de Fate, que recibieron enormes manifestaciones de apoyo desde la plaza cuando fueron nombradas desde el palco.

De ahí la importancia de haber planteado una política de unidad de acción para lograr atraer a amplios sectores democráticos y de la amplia vanguardia (la mayoría de ellos todavía bajo las variopintas direcciones político-sindicales del peronismo) a una política de lucha. Porque de ahora en adelante, frente a un año donde el gobierno de Milei prepara más ataques, es fundamental poder intervenir en el debate político central que atravesará todo el próximo período: ¿Luchar contra Milei o subordinarnos a la trampa del “hay 2027”?

Esto es importante porque el peronismo ya comienza a dar señales de haber lanzado ese operativo. Encabezado por el derechista Miguel Ángel Pichetto, el proyecto de un gran “frente nacional” de cara a 2027, conformando un espacio peronista manifiestamente a la derecha, se lanzó ya extraoficialmente con la visita de éste a Cristina Kirchner, hace quince días. Este frente pretende abrir un espacio que abarca desde los sectores progresistas hasta el reaccionario pastor evangélico Dante Gebel, apadrinado por el propio Pichetto. Jornadas como la del pasado 24 son fundamentales para mostrar que hay otra perspectiva: la de luchar contra el gobierno para imponer los intereses de los de abajo. Pero, para lograrlo, necesitamos poner en pie eventos masivos como el que construimos en la plaza.

La automarginación del PTS y el PO

Esto nos conduce al debate que, en la previa a la movilización se dio con las principales fuerzas del FITU, el PTS y el PO, quienes se opusieron rabiosamente a una jornada unitaria para el 24. Tal como dijimos en la previa, el sectarismo de estos partidos, recubriéndose de una política “izquierdista” bajo la lógica de delimitarse de “todos” los sectores burgueses, terminó automarginándolos de una jornada histórica que le impuso una política de lucha a los sectores conciliadores, así como habilitó que nuestras consignas sean escuchadas y levantadas por toda la plaza.

El argumento del PTS y el PO acerca de que poner en pie un acto unitario significaría un abandono de la política independiente del EMVyJ se reveló como su opuesto: en realidad, si el EMVyJ no hubiera planteado una política unitaria, los cientos de miles que marcharon y que hubieran asistido el acto de los organismos de DD.HH. afines al kirchnerismo no hubieran escuchado más que la política conciliadora del peronismo, el llamado a conformar un frente contra Milei en 2027 y, en definitiva, haber asistido a una acto conmemorativo sin ninguna implicancia concreta respecto a la pelea política contra el gobierno de Milei. Por el contrario, fue precisamente gracias a que el EMVyJ se dio una política correcta que a dicho acto se le imprimió un contenido de lucha, no sólo contra Milei sino también contra el imperialismo, incluyendo exigencia y denuncia a la burocracia sindical, así como también a la represión estatal y paraestatal lanzada durante el gobierno de Isabel Perón.

En una nota contra la política unitaria del EMVyJ firmada por Guillo Pistonesi, es llamativo como el PTS argumenta, para justificar su política sectaria, que el peronismo prepara un amplio frente nacional para 2027. Pero evita decir que justamente esa política no estuvo en el documento unitario que Pistonesi intenta impugnar en su texto, por lo que su crítica es lisa y llanamente una falsificación.

Cuando el PTS intenta articular una política por la positiva, el resultado no es mejor. En la previa a la marcha, manifestando cierta cobardía política, el PTS dejó de insistir con la idea de hacer dos marchar diferentes y escenificó una posición de “una marcha, dos documentos”, una verdadera cortina de humo para no sincerar su política divisionista, dado que el debate partía de tener como piso el documento unitario logrado el año pasado, que fue un verdadero hito para el EMVyJ al haber logrado imprimirle su línea histórica a la mesa de organismos. La presunta política de “dos documentos” hubiera representado un paso atrás respecto a lo ya conquistado. Pero ni siquiera se trató de un debate real, sino tan sólo de una maniobra para decorar de manera más elegante su política divisionista: al final, ni siquiera estuvieron en la plaza cuando se leyó el documento del EMVyJ, revelando que su política real siempre fue el divisionismo. Esto se explica porque al PTS también lo ordena su propio “hay 2027” enfocándose en delimitar la figura de Myriam Bregman.

Porque el debate de fondo radica en la incapacidad que parece mostrar el PTS en ver que no es posible saltearse la experiencia de las masas, ni de la vanguardia, en la dialéctica política de la lucha de clases. En la medida en que en Argentina subsiste una vanguardia de masas democrática que está dispuesta a enfrentar a Milei a pesar de estar políticamente dirigida por el peronismo, la izquierda debe darse una política para arrastrar a más amplios sectores al campo de la lucha, única manera de derrotar a un gobierno como el de Milei y, al mismo tiempo, permitir realizar así una experiencia con estas direcciones. No hay atajo ni alquimia electoral que reemplace la experiencia de nuestra clase, independientemente de lo auspiciosas que sean las encuestas para Bregman.

Organizar la fuerza del 24M para derrotar a Milei

A pesar de haber logrado aprobar la reforma, el gobierno de Milei pierde apoyo popular día tras día por su política de brutal ajuste y la terrible recesión en la que sumergió al país. La histórica jornada del pasado 24 de marzo mostró un camino de cómo luchar para derrotarlo.

El gran desafío está en organizar toda esa masiva fuerza de cara a los ataques que se vienen. Desde la izquierda debemos poner todo nuestro esfuerzo en ir a discutir con cada compañero y compañera, en todos los lugares de trabajo y estudio, que es necesaria la más amplia organización por abajo para revertir la política traidora de las centrales sindicales e imponer un verdadero plan de lucha hasta tirar abajo los planes de este gobierno reaccionario.

Con este ejemplo, debemos seguir impulsando la más amplia solidaridad con Fate y demás luchas de trabajadores contra los despidos, pelear por organizar en todas las facultades al movimiento estudiantil contra las políticas de vaciamiento de las universidades de Milei, así como continuar impulsando en todos los sectores de trabajadores la defensa del salario y la  pelea contra la aplicación de la reforma esclavista, manteniendo la exigencia a la CGT y CTA de un verdadero plan de lucha. La marcha unitaria del 24 de marzo mostró el camino para encarar estas tareas y a la vez la fuerzas existentes para derrotar al gobierno.

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