La continuidad incierta de la guerra en Medio Oriente mantiene en vilo a todos los actores políticos y económicos globales. Luego de varias idas y venidas en las que Trump anunció decenas de veces que era inminente el fin de la guerra, todas las acciones del imperialismo conducen a la continuidad en el tiempo del enfrentamiento, y eventualmente de una mayor escalada, como indican los recientes movimientos del ejército EE.UU. que está preparándose para desplegar tropas en el terreno, en lo que configuraría una nueva etapa mucho más reaccionaria de la agresión imperialista, así como una apuesta extremadamente arriesgada políticamente para Trump. 

Pero más allá del devenir del conflicto en lo militar, el principal foco de contradicción global de esta guerra es su impacto en la situación económica, que enciende las alarmas de todos los mercados que observan con incertidumbre la disparada tremenda de los precios del petróleo y su efecto sobre la economía mundial: hoy el principal riesgo que atemoriza a la burguesía global es el de que el mundo se sumerja en una estanflación, es decir, una subida de la inflación acompañada de una caída del crecimiento económico.1 El efecto de la guerra ya tiene su sentido impacto en Argentina: en marzo, el precio de los combustibles terminó con un aumento del 25%. 

Este es el telón de fondo sobre el que se recorta la apertura de una nueva coyuntura política en nuestro país: marcada por la aceleración del deterioro económico, los escándalos de corrupción y la pérdida de popularidad del gobierno, ingresamos en un nuevo momento político que corta con la coyuntura favorable al gobierno que consiguió tras el triunfo electoral de octubre y le permitió aprobar, entre otras cosas, la reforma laboral esclavista. 

A pesar de haber logrado ese triunfo legislativo, traición de la CGT mediante, el gobierno no consiguió relanzar su ofensiva con el resto de las reformas que tiene en carpeta. El problema es que el escenario económico de ajuste, recesión y persistencia de la inflación que llevó al gobierno a una grave crisis en la previa a los comicios de octubre no se modificó en lo fundamental, lo que llevó a que a pesar del éxito político en las urnas y en el Congreso la situación social continuó deteriorándose, con un marcado aceleramiento en lo que va de 2026. Recordemos que el gobierno pudo salir airoso de aquella crisis sólo porque intervino Trump para salvarlo, lo que además le valió para ganar las elecciones. 

Así es como llegamos a esta nueva coyuntura donde el problema inflacionario vuelve a tomar protagonismo: hace nueve meses que el dato cierra al alza, hace tres que se ubica por encima del 3% y en marzo todo indica que no será la excepción. Para peor, el repunte inflacionario no significa un relanzamiento de la actividad económica sino lo contrario, el hundimiento de la industria y del consumo masivo, que en las estadísticas sobre crecimiento del PBI quedan desdibujados por el crecimiento del petróleo, el agro y la minería, actividades exportadoras con muy bajo impacto en niveles de empleo y consumo interno. 

Es en este escenario que el dato de la supuesta baja de la pobreza queda totalmente relativizado como un mero rebote estadístico frente a la realidad cada vez más complicada para los trabajadores y sectores populares, nadie vive mejor ni registra haber salido de la pobreza sino más bien lo contrario. De ahí que el gobierno tenga pocas posibilidades de sacar algún rédito político de la noticia. 

El otro gran factor de crisis para el gobierno son los escándalos de corrupción, que toman más espesor en la coyuntura económica de ajuste y recesión: mientras millones de trabajadores no saben más que hacer para llegar a fin de mes, las noticias que muestran los viajes y las propiedades de Adorni ocupan las tapas de todos los principales medios día tras día. A esto se suma las nuevas revelaciones de la criptoestafa Libra, que salpica de manera directa a Milei y a su hermana, y que señalarían un enriquecimiento de por lo menos 5 millones de dólares para los Milei. La crisis desatada por el estilo de vida suntuoso de Adorni (quien formalmente cobra 3 millones de pesos) pega en el corazón del relato “anti casta” libertario, sumado a que involucra a uno de los principales rostros del gobierno. Como si fuera poco, en las últimas horas se destapó otro escándalo: el otorgamiento discrecional de créditos hipotecarios millonarios por parte del Banco Nación a funcionarios del Estado Nacional. 

Todas estas noticias funcionan como una especie de “catarsis social” frente a la pobreza, los despidos y la caída del consumo: mientras ellos roban y saquean de la manera más burda las arcas del Estado, millones ven cómo llevan adelante un durísimo ajuste sin fin, atacan derechos, hunden la economía y desmantelan la salud y la educación públicas. Cada vez queda más claro para grandes sectores (incluso aquellos que hasta el año pasado sostenían expectativas) que se trata de un gobierno de lúmpenes que gobiernan para los empresarios y, sobre todo, que se arrastra de la manera más humillante a los designios de Donald Trump. Esto se refleja en un desplome del gobierno en las encuestas, que al unísono marcan un descenso notorio de la imagen de Milei: según Atlas Intel y Bloomberg, la desaprobación al gobierno escaló al 61,6%, el nivel más alto de su gestión. 

Frente a este escenario, por abajo la crisis creciente del gobierno apuntala la voluntad de luchar y salir a enfrentar a Milei entre la vanguardia y cada vez más amplios sectores. La gran marcha del 8M fue un preludio de la masiva e histórica plaza unitaria del 24 de marzo, un triunfazo político del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, que imprimió un carácter de lucha a una jornada masiva.2

En resumen, podemos caracterizar la presente situación como de una parálisis política del gobierno: si bien Milei no retrocedió en ninguno de sus ataques, la profundización de la crisis y la bronca por abajo hicieron que tenga que frenar su paquete de reformas, poniendo en suspenso la ofensiva que llevó adelante los últimos meses. 

El peronismo hace la plancha mirando a 2027 

Por todo lo que venimos señalando, estamos entonces en una coyuntura más favorable que meses atrás para salir a enfrentar al gobierno. La situación objetiva es de un empeoramiento notorio de las condiciones de vida, el gobierno está golpeado políticamente y por abajo amplios sectores muestran predisposición a la lucha. Acá es donde entran las direcciones políticas y sindicales del peronismo que se están encargando de tratar de que no vuele una mosca, y mientras más dan cuenta del deterioro del gobierno más apuntan sus miras a 2027. 

En línea con la política traidora que dejó pasar la reforma laboral, ahora la burocracia se resguarda en la “estrategia judicial”. A raíz del deterioro y la impopularidad del gobierno la justicia suspendió temporalmente más de 80 artículos de la reforma. Pero la burocracia utiliza este triunfo parcial de manera pérfida: para decirle a los trabajadores que no hay que movilizar, que el verdadero sujeto de la lucha contra la reforma serían los abogados de la CGT y los jueces “progres”. Se trata de una estrategia peligrosa, porque desarma a los trabajadores para salir a pelear en uno de los peores momentos del gobierno, además de que alimenta expectativas en la justicia cuando es sabido que, sin lucha de los trabajadores, mañana la justicia puede darse vuelta y garantizarle todo a Milei (como, salvo excepciones, vino haciendo hasta el momento). 

Esta política no es sólo de la CGT sino también del sindicalismo más ligado al kirchnerismo, de la CTA. Así se explica, por ejemplo, que en plena pelea por el financiamiento universitario (otro ítem donde la justicia lee políticamente el momento y falló en contra del gobierno) la burocracia de CONADU ahora busca garantizar una tregua de tres semanas sin paro, luego de realizar varios días de paro sin un plan de lucha a seguir. Las federaciones y los centros de estudiantes del peronismo hacen todo lo posible para no involucrar a los estudiantes a la pelea por la Universidad, más preocupados por responder a la demanda por derecha de un sector que “no quiere más paros” que por organizar realmente al movimiento estudiantil. Algo similar ocurre en la docencia de la provincia de Buenos Aires, con el SUTEBA negándose a impulsar un plan de lucha por la recuperación del FONID, contra los recortes en educación y por salario. 

La otra pata del operativo de desmovilización es la política: el peronismo ya comienza a tantear el terreno para conformar un frente electoral en el lejano 2027. De la cantidad de posiciones que circulan, una cosa es segura: el frente que preparan delineará un peronismo inequívocamente a la derecha, con la figura de Pichetto como gran armador, con el visto bueno de Cristina Kirchner y los gobernadores peronistas que le allanaron el camino a Milei en el Congreso. Así se explica la reaparición pública de dinosaurios como Eduardo Duhalde reuniéndose con Julio Alak, el intento por instalar figuras como el pastor evangélico Dante Gebel o los llamamientos públicos de Guillermo Moreno a integrarse en un frente nada menos que con la pro – genocidas Victoria Villarruel. 

La voluntad de luchar contra Milei crece desde abajo 

Por abajo, entre la vanguardia de trabajadores y estudiantes lo que se vive es la contracara de la pasividad y especulación electoral del peronismo: lo que crece es la predisposición a la pelea y a salir a enfrentar al gobierno. La situación económica y social no se aguanta más, mientras todos los días conocemos una nueva noticia de un funcionario de Milei (o de él mismo) enriqueciéndose de la manera más burda. 

Las jornadas del 8 y el 24 de marzo fueron categóricas respecto a esto. El clima dominante de la Plaza de Mayo fue la masividad, la oposición al gobierno, la denuncia de la burocracia y la exigencia por un plan de lucha real para derrotarlo. 

Pero no fueron sólo estos episodios los que denotan este clima que se vive por abajo: apropósito del tratamiento para modificar la Ley de Glaciares, se anotaron más de 100.000 personas para participar de la audiencia pública. Los trabajadores de Fate continúan peleando contra el cierre de la fábrica, pelea que consigue la simpatía y el apoyo de gran parte de la sociedad, y junto al deterioro del gobierno consiguieron un fallo favorable que ordena a la empresa a pagar los sueldos adeudados y respetar el convenio firmado que prohibía los despidos hasta el mes de junio. En las provincias, como Córdoba, Catamarca y Jujuy, se abrieron conflictos de la docencia que ya llevan varias semanas, con paros y movilizaciones multitudinarias. 

Políticamente este clima favorable para la lucha está dando como resultado un fenómeno de crecimiento de la izquierda. Este fenómeno es parte de la crisis de representatividad que atraviesa el país, que hace dos años fue capturado por la extrema derecha de Milei, pero que ahora puede estar registrando un rebote propio de la polarización política que marca la tónica internacional, sumado al giro a la derecha del peronismo. Esto empieza a engrosar la simpatía política y la visibilidad de la izquierda trotskista en particular, no sólo en todos los sondeos de opinión sino también como puede detectarse en todos los lugares de trabajo y estudio. El peronismo también detecta este fenómeno y, no por casualidad, lanzó recientemente una campaña de difamación y ataque a la izquierda trotskista a través de las redes sociales y sus voceros del peronismo streamer.

El gran desafío de la izquierda frente a esta oportunidad es transformar toda esa simpatía en mayor peso y fuerza orgánica, entre los jóvenes, los trabajadores y toda la vanguardia que entiende la necesidad de salir a luchar contra Milei, pero también de abrir una perspectiva favorable hacia los intereses de los de abajo, luego de años de gobiernos ajustadores. 

Por un 1° de mayo de los luchadores 

El gobierno está paralizado. El momento es ahora para pegar con un solo puño. Es fundamental que todos los sectores que luchan contra el gobierno actuemos de manera unificada en defensa de nuestros derechos y contra las políticas de hambre de Milei. 

La tarea inmediata es construir un nuevo gran evento que reúna a todos los luchadores que quieren salir a enfrentar las políticas del gobierno. Para eso la próxima parada importante es el 1 de mayo, Día Internacional de los Trabajadores. Desde la OST creemos que es una necesidad del momento construir una gran jornada que reúna a todas las luchas: Fate, el Garrahan, Docentes, Universidad, Estudiantes, Jubilados, todos los conflictos contra despidos y cierres, etc., junto a la izquierda. 

Con la fuerza que mostramos el 24 de marzo, planteamos  al conjunto de los sectores en lucha y a la izquierda la puesta en pie de un gran acto de clase en Plaza de Mayo, reivindicando las luchas de los trabajadores en todo el mundo y en Argentina contra el nefasto gobierno de Milei.


  1. En su último informe sobre el impacto de la guerra en la economía, el FMI señala que “Aunque la guerra podría moldear la economía global de diferentes maneras, todos los caminos conducen a precios más altos y un crecimiento más lento». Para un análisis más detallado ver el artículo de Michael Roberts: “Todos los caminos conducen a la estanflación”.   ↩︎
  2. Para un balance más pormenorizado del 24 de marzo remitimos a nuestra editorial de la semana pasada: Después de la masiva plaza del 24: Organizar estas fuerzas para derrotar a Milei – OST | Organización Socialista de los Trabajadores  ↩︎

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