Un nuevo 1° de Mayo, Día Internacional de las y los trabajadores, nos encuentra en un mundo sumido nuevamente en la agresión imperialista, tras la injerencia de los yanquis en América Latina, la guerra contra Irán en Medio Oriente y el horror del genocidio en Gaza. Contra estas injusticias, la lucha internacional de los trabajadores toma impulso en las huelgas generales por Gaza, las movilizaciones masivas contra Trump y contra la guerra imperialista, así como la pelea contra los zarpazos de la extrema derecha en todo el mundo.
En Argentina, el gobierno reaccionario de Milei avanza con su plan contra los trabajadores al mismo tiempo que la popularidad de su gobierno se desploma junto con los indicadores de la economía: pobreza, despidos, caída del salario y empeoramiento generalizado de las condiciones de vida de las grandes masas marcan la tónica de la situación social.
Pero la impopularidad del gobierno convive con la crisis del peronismo, sumido en su pelea interna y en el rechazo que genera en amplias capas de la clase trabajadora luego del fracaso del anterior gobierno. En estas coordenadas, en las que a pesar de todos los ataques de Milei, la vanguardia y la clase trabajadora de conjunto no han sido derrotados, se impone la cuestión: ¿Cómo luchar y cómo derrotar a la extrema derecha de Milei?
El próximo 1 de mayo es una gran oportunidad para reagrupar al conjunto de la vanguardia y la clase trabajadora que está peleando contra el gobierno alrededor de un planteo de lucha y un programa político desde la clase trabajadora como salida a la crisis.
Nos parece que tanto el FITU en general como el PTS en particular están impulsando una política que va en sentido contrario a estas necesidades del momento. Mientras el PO/IS/MST llaman a la realización de un acto del FITU, el PTS anunció un acto completamente en soledad en el microestadio de Ferro. Ambas alternativas adolecen del mismo problema: no impulsar un llamado más amplio desde la izquierda para agrupar a toda la vanguardia y los sectores en lucha, superando el carácter electoral que tendría un mero acto del FITU (o del PTS en soledad).
Hacemos hincapié en esta crítica al PTS al tratarse del partido que encabeza el FITU y que agrupa a la principal referente político-electoral de la izquierda a nivel nacional como es Myriam Bregman, pero creemos que tanto la política aislacionista del PTS como la alternativa circunscripta a un acto del FITU que impulsan los restantes partidos del frente nos parecen un error que no ayuda a constituir a la izquierda revolucionaria en una verdadera alternativa política.
La oportunidad para la izquierda
Venimos de un histórico 24 de marzo unitario en el que, gracias a la pelea dada desde el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, le imprimió a una masiva plaza un programa de lucha contra el gobierno. Como señalamos en el balance de aquella jornada, la experiencia del último 24M marca el camino acerca de qué política darnos desde la izquierda frente al enorme espacio que se nos abre ante una amplia vanguardia de trabajadores que quiere enfrentar al gobierno mientras el peronismo y la CGT traicionan.
En esa oportunidad ya planteábamos el grosero error que nos parecía, por parte del PTS y también del PO, de jugar un papel divisionista en vez de apostar por una masiva jornada de unidad de acción contra el gobierno. Desde la OST planteamos nuestra crítica hacia la política del PTS en el sentido de no comprender las necesidades del momento en el que millones quieren salir a enfrentar al gobierno, pero no rompen todavía con sus direcciones traidoras, lo cual exige escenarios de unidad de acción para poder poner en pie verdaderos eventos de luchas masivas contra Milei. Por el contrario, el PTS eligió el camino de la autoafirmación sectaria escudándose en la crítica hacia “todos los gobiernos”.
La estrechez de miras con las que el FITU encara la próxima jornada del Día de los trabajadores, limitándose a proponer la realización de un acto de su frente electoral, nos parece sintomático de los límites de los que este frente adolece desde su conformación. Como hemos reiterado en otras oportunidades, a pesar del mérito de haber constituido un polo de independencia de clase en el escenario electoral, el FITU no ha podido ni querido superar este estadio en todos estos años. Ese carácter de mera “cooperativa electoral” le impide convertirse en una herramienta que sirva para poder reagrupar a la vanguardia y todos los sectores en lucha, que es la política que creemos debemos impulsar para este 1° de Mayo.
Estos límites del FITU se expresan en que dicho frente carece de cualquier espacio de participación y debate real. El FITU podría ser un espacio de reagrupamiento que reúna a toda la izquierda y los luchadores, pero su cerrazón y estrechez electoral le impiden intervenir políticamente en este sentido. Por eso, aunque el resto de los partidos del frente critiquen correctamente la decisión del PTS de hacer un acto propio, la salida de proponer un “acto del FITU” como alternativa tampoco es satisfactoria, ya que adolece del mismo problema: convertir la jornada en un acto político electoral y renunciar a dar una pelea para reagrupar a sectores más amplios que están enfrentando al gobierno.
Por su parte, la decisión del PTS de cortarse solo con un acto propio el 1 de mayo, sin siquiera molestarse por un planteo de una acción común, significa la lamentable reafirmación del curso de acción que eligieron seguir el 24 de marzo, que no responde a las necesidades del momento ni a la enorme oportunidad política que se abre para la izquierda.
¿Cómo se entiende esta política? Casi todos los actores políticos dentro y fuera de la propia izquierda subrayan la importante oportunidad política que se abre para la izquierda revolucionaria en nuestro país, que se nutre tanto del creciente desprestigio del gobierno como, sobre todo, de la continuidad de la crisis del peronismo y su giro a la derecha.
Por lo tanto, la iniciativa solipsista del PTS debe entenderse como un intento de autoafirmarse a sí mismo precisamente en el momento en el que esta oportunidad política para la izquierda se expresa en un público mucho más amplio que el que usualmente alcanzamos. La política del PTS no aprovecha ese mayor alcance para ganar a más sectores para una política de lucha (por ejemplo mediante el llamado a una gran jornada unitaria), sino que se cierra sobre sí mismo de modo que la tan mentada oportunidad para la izquierda queda reducida a la oportunidad de construir el propio PTS.
De ninguna manera cuestionamos el aprovechamiento de una figura electoral para la agitación de nuestras ideas socialistas: todo lo contrario, precisamente ese es el sentido con el que los revolucionarios intervenimos en las instituciones de la democracia de la burguesía: participando de elecciones, conquistando bancas en el parlamento, etc.
Que el PTS pretenda aprovechar la figura de Bregman para terciar en el debate político nacional en un sentido socialista y de clase sería lo correcto. Pero aislarse por motus propio en un acto cerrado en una fecha tan emblemática como el 1° de mayo no aporta en nada que vaya en ese sentido: el “aprovechamiento” queda circunscripto a la autoconstrucción, que queda así desligada de la pelea política más fundamental de cara al conjunto de nuestra clase. Una pelea que gane a más amplios sectores a una política de lucha y, en ese camino, hacer la experiencia con sus direcciones traidoras.
Este espacio que se abre para la izquierda podría ser un punto de apoyo muy valioso para poner en pie lo que nos parece es la política que deberíamos llevar adelante el próximo 1 de mayo, una gran jornada unitaria de la izquierda y los luchadores, que funcione como reagrupamiento de toda la vanguardia, que reúna en una única tribuna a todos los sectores en lucha como Fate, el Garrahan, los docentes, los jubilados, entre otros, para desde allí hacer un llamado a los cientos de miles que, como se expresaron en la plaza del 24, están prestos a responder al llamado de luchar contra el gobierno si se los convoca, a pesar de que las direcciones políticas y sindicales hacen todo lo posible para que ello no ocurra. Por supuesto que es una pelea de largo alcance, que no vamos a resolver en una única jornada, pero el próximo 1 de mayo podría ser una oportunidad para dar otro paso en ese camino.
Sin embargo, en línea con la política divisionista que instrumentaron el 24 de marzo, el PTS insiste con una política de autobombo que no busca aprovechar el espacio que se abre para la izquierda en un sentido favorable a constituir una alternativa política fundada en el reagrupamiento de la vanguardia y los luchadores, sino más bien hacerlo a expensas de éstos. Lejos parece haber quedado (no pasó todavía un año) su llamado a constituir “un partido unificado de toda la clase trabajadora”. Su autoaislamiento de cara al próximo 1° de mayo revela el verdadero significado que esas palabras tienen en boca del PTS: el “partido de toda la clase” ya existe y es el propio PTS. En una reciente carta publicada a las direcciones de los demás partidos del FITU, el PTS justifica su decisión de un acto solitario ratificando precisamente esta orientación: “consideramos central desarrollar nuestro planteo por una fuerza política de los trabajadores que supere al peronismo”. La pregunta ineludible que surge es cómo el PTS pretende “superar al peronismo” encerrándose entre cuatro paredes.
Un debate sobre partido y vanguardia
Creemos que este debate remite a una cuestión más de fondo. En condiciones donde dominan las direcciones conciliadoras y traidoras, los revolucionarios estamos obligados a impulsar, evaluando cada caso concreto, todas las tácticas que favorezcan el reagrupamiento de la vanguardia, que aúne las fuerzas de los que luchan, que empuje a más sectores a expresar su voluntad de pelear y favorezca el avance de su conciencia y organización. La unidad de acción y el frente único son dos tácticas privilegiadas para acercarnos a estos objetivos.
Pero para el PTS estas tácticas son apenas instrumentos para la propia y unilateral construcción partidaria: como si fueran un rodeo “molesto” pero necesario para ganar compañeros para el propio partido, un objetivo imprescindible, pero que en la concepción del PTS se realiza a costa de todo lo que queda “por fuera”, es decir, el conjunto de la propia vanguardia, su conciencia y su organización. Esto se traduce en que, en momentos donde crece el alcance de nuestras figuras y nuestra influencia política, el PTS refuerza sus tendencias sectarias, por más paradójico que suene: “aprovechar la oportunidad” en la lógica del PTS significa que, en lugar de redoblar los esfuerzos por atraer a más sectores hacia nuestra política -y en ese proceso construir el partido, dos procesos estrechamente vinculados pero que no se identifican- se refuerzan aún más las tendencias autoconstructivas y aislacionistas respecto de la propia vanguardia. El resultado es cierta política hostil hacia toda expresión política de la vanguardia que no pueda ser redirigida hacia las iniciativas constructivas del PTS, lo que conduce a un sectarismo que, en vez de ganar a más sectores hacia el campo de los luchadores, se esfuerza por “delimitar” a los “verdaderos” luchadores de los que no lo son, o por intentar aplastar todo lo que no pueda dirigir. Esta es la lógica operante detrás de, por ejemplo, la actitud divisionista el pasado 24 de marzo, y es la misma que ahora explica la posición frente al próximo 1 de mayo.
Finalmente, en lo que refiere a la construcción del partido revolucionario el PTS pierde de vista que dicha tarea no puede realizarse de manera escindida de, ni mucho menos a expensas de, las necesidades de la lucha de clases, de la clase trabajadora y su vanguardia. El resultado es cierto “instrumentalismo político” donde lo que ordena es siempre la mejor oportunidad constructiva y no las necesidades políticas del momento, que quedan subordinadas a lo primero: este es precisamente el núcleo de nuestra crítica respecto al próximo Día Internacional de los Trabajadores, pero nos parece que conecta con una concepción más de fondo de esta corriente.
Un llamado a un 1° de mayo unitario
Es por responsabilidad del FITU y en particular del PTS que no hay un gran 1° de Mayo que sirva para unificar y reagrupar a todos los luchadores y a la izquierda. Desde la OST levantamos la perspectiva de poner en pie una convocatoria de naturaleza más amplia y no un “acto del FITU”, sino que incluya a todos los sectores en lucha, trabajadores, jubilados y estudiantes, así como la puesta en pie de espacios de organización que sirvan para impulsar todas estas peleas.
En ese sentido, reiteramos nuestro posicionamiento de que es necesario impulsar asambleas abiertas y espacios de coordinación para superar el carácter meramente electoral del FITU, la única manera de aprovechar realmente la oportunidad política que se está abriendo para la izquierda revolucionaria.
Es una tarea política de primer orden en este momento en el que comienzan a verse en todo su espesor y para cada vez más amplios sectores las consecuencias nefastas para los trabajadores de la política reaccionaria de Milei.
La izquierda tiene una oportunidad enorme, pero es necesario estar a la altura de dicha oportunidad dándonos una política que ayude a constituir una alternativa de los de abajo, algo que no puede hacerse escindido de impulsar la pelea más amplia posible contra el gobierno en el terreno de la lucha de clases, ni de la experiencia política que debemos favorecer de la mano de estas peleas.








