Transitando la tercera semana de mayo, luego de la multitudinaria movilización universitaria, el panorama para el gobierno no parece aclararse más allá de los intentos desesperados para mostrar que el escándalo de Adorni quedó en el pasado o que en el terreno de la economía haya algún respiro, como el dato de inflación.

A pesar de que no hay una crisis política de conjunto, desde el mes de marzo Milei viene sufriendo un fuerte deterioro político. Desde entonces, en las semanas que no hay grandes novedades aparece la ilusión de un Milei pudiendo recobrar el aliento. Sin embargo, más allá de esta sensación efímera, lo cierto es que el gobierno sigue acumulando elementos de crisis y de incapacidad de retomar la iniciativa política.

El sostenimiento de Adorni en el gabinete es parte de ese pantano del cual le es difícil salir y que sigue generando ruido al interior del gobierno. El entramado de corrupción que no para de tener fondo sigue eclipsando toda aparición pública como muestra el fiasco del anuncio de la semana pasada junto a Caputo y Monteoliva por el súper RIGI. No es de sorprender que estos elementos de debilidad hagan recrudecer las internas, que envuelven ahora a la propia Bullrich que busca tomar distancia y cuestionar al propio Milei. O el fuego cruzado entre el “karinismo” con Santiago Caputo. Pero no es solo la corrupción, si no el trasfondo de la crisis social y la continua pérdida de apoyo popular del gobierno lo que también empieza a resonar puertas adentro. Es lo que muestra la última encuesta de Zuban Cordoba. Según los datos relevados Milei tiene un rechazo del 57%, mientras que Bullrich y Macri tienen un rechazo de 56% cada uno.

Aun así, el rumbo de las políticas económicas se mantiene firme. Un día antes de la marcha universitaria, y también a modo de provocación, Milei presentó un recorte presupuestario de casi 2.5 billones de pesos, el más grande del año, entre los que afecta directamente a las universidades, la salud y la caja de las provincias, entre otras partidas. El equilibrio fiscal es la única carta que sabe jugar el gobierno y está preso de ese dogma, no sólo por ideología liberal reaccionaria, sino también porque es lo que mantiene a raya que las variables macroeconómicas y sigan estables. El déficit fiscal es para pagar las cuentas con el FMI, con los que posee vencimientos importantes el año que viene y para lo cual todavía no tiene los dólares, a pesar de la acumulación de reservas. Por otra parte, recibirá otro desembolso del organismo por una suma de U$D 1000 millones. Si bien está el dato del saldo positivo de las exportaciones que se dieron a conocer la última semana, lo que pudiera ser un aliciente para el plan económico del gobierno, la realidad es que la recaudación del Estado viene cayendo fuertemente en los últimos nueve meses producto de la recesión y el ajuste. Con todo esto, el principal elemento que reviste al modelo económico es un equilibrio inestable sostenido por la ayuda externa, la recesión, la caída del poder adquisitivo, y no atender a nada que se le asemeje al gasto público.

El ajuste y el trasfondo de la crisis social

Las seis cuadras de fila en Moreno para conseguir sesenta puestos de trabajo en un frigorífico es la escena que grafica el deterioro social sostenido el cual no parece desacelerarse. Sin importar los esfuerzos del gobierno y algunos medios oficialistas para anunciar el fin de la tendencia a la baja con los nuevos datos de inflación y pobreza, la realidad es que la velocidad y los efectos de la pauperización social, sobre todo en los grandes conurbanos del país, no es algo que se pueda aminorar en el corto plazo, sino que en realidad se profundizan a caballo de nuevas y recargadas medidas de ajuste, como el aumento en el transporte con peor servicio, las tarifas, etc. En las últimas horas la cámara de diputados le dio media sanción a la ley Hojarasca y al proyecto que da marcha atrás con el régimen de zonas frías que da subsidios al gas en más de catorce provincias. También eliminó partidas para el plan remediar entre otros recortes a la salud, lo cual generó una importante respuesta por parte de los trabajadores del ámbito de la salud en una masiva movilización a Plaza de Mayo este miércoles.

En definitiva, el deterioro social acelerado y el mal humor de amplios sectores de la sociedad tienden, cada vez más, a identificar la responsabilidad directa del gobierno. Donde el ajuste se hace sentir con más fuerza, sobre todo en el ámbito estatal, se empiezan a desarrollar respuestas contundentes y más radicalizadas como es el caso de las importantes movilizaciones y jornada de paro de docentes y estatales de Chubut frente al ajuste que aplica allí el gobernador “Nacho” Torres.

Sin embrago, la dinámica de protestas en las provincias todavía no llega a desarrollarse en el centro del país. Es verdad que existen conflictos laborales y marchas importantes como la marcha universitaria del 12 pasado, pero de conjunto, la coyuntura general se encuentra caracterizada por ahora por una condición de implosión más que de explosión social. En cada vez más medios de comunicación, pero también en la calle, se suele escuchar cada vez más la pregunta: ¿Cómo es que no estalla con semejante crisis? Por supuesto, las razones son varias. Todavía persiste una falta de alternativa política, la contención de las direcciones sindicales burocráticas dentro del movimiento de masas, etc. En general, antes del estallido antecede el intento de aguante y de sobrellevar la vida como se pueda. Nunca el primer reflejo es entrar directo a una dinámica de desborde de la conflictividad y la acción por abajo desbordando los elementos de contención mencionados. Pero lo cierto es que el gobierno no parece atender al aumento de la presión que se vive por abajo, ni tampoco es capaz la economía capitalista argentina de generar una recuperación de la malaria que se vive. Si bien por ahora perdura cierta estabilidad en la lucha de clases, los cortes y la huelga general de Bolivia son un espejo en el que se pueden empezar a mirar los trabajadores y los sectores populares de este país si el mal humor sigue en aumento.

El desencanto de la burguesía con Milei

El gran empresariado ve claro este fenómeno y en relación a eso se hace la pregunta de si este gobierno ya se le acabaron las chances de reelección. En este contexto, aparecen las figuras como Macri y la propia Bullrich distanciándose. Hace algunas semanas habíamos visto a Macri visitar a Paolo Rocca y largar su comunicado en tono crítico hacia Milei, dando muestras de que todavía tiene vida política, o por lo menos lo intenta. O el caso de Bullrich desafiando al propio presidente con el caso Adorni.

La burguesía empieza a ver que el futuro de este gobierno es incierto y entonces se hace necesario elaborar un proyecto de recambio, un mileismo sin Milei. Un personal político reciclado que mantenga a rajatabla el modelo y las principales políticas estructurales que tanto benefician a los capitalistas y de los cuales no quieren abandonar en lo más mínimo. No se cuestionan ni el equilibrio fiscal, ni la reforma laboral, el acuerdo con el FMI, la ley bases y un largo etc. Los matices aparecen en relación al nivel de destrucción de la industria y la desmedida apertura a las importaciones, pero de conjunto hay consenso en la burguesía en el rumbo general por el que van las políticas económicas del gobierno. Sin embargo, el problema con el posible recambio es que el desprestigio de los gobiernos pasados, como el de Macri, y ni hablar del peronismo, todavía resuena fuerte por lo que todavía queda lejos una alternativa seria de recambio. El desencanto de la patronal con Milei, todavía es eso, desencanto.

La crisis del peronismo y la simpatía hacia la izquierda

Por todo lo que venimos señalando, estamos en una coyuntura política que se desarrolla al calor de la combinación del creciente desprestigio del gobierno y el malestar social. Acá es donde entra la política del peronismo y las direcciones sindicales de instalar cada vez más el debate electoral de cara al 2027. La razón es doble. En parte el peronismo sigue sumido en una crisis de representación con gran parte de la sociedad que todavía tiene fresco el fracaso del gobierno anterior. Pero también es de cara a la burguesía que le ha soltado la mano. Es un hecho que busca remediar para mostrarse como alternativa moderada frente al empresariado que representa, aunque todavía tiene una enorme fragmentación de figuras y no logra superar la crisis en la que están sumidos de cara a las futuras elecciones. Kicillof aparece como la figura de mayor peso tiene, pero se habla de un marco de unidad más amplio que aglutina desde los más rancio de la derecha peronista hasta opciones edulcoradas como Grabois. Eso sí, todo con un programa más a la derecha donde se exprese la continuidad el “equilibrio fiscal”, la reforma laboral esclavista y el acuerdo con el FMI.

La otra razón por la cual buscan instalar a toda costa el debate electoral tan anticipadamente, responde al intento de encauzar la bronca dándole un horizonte más lejano y que de esa manera no se traduzca en desborde y lucha, algo que opera como una mediación en la lucha de clases. La lógica es clara. No se trata ya de enfrentar a Milei y derrotar su ajuste. Eso, según la dirección peronista ya no se puede. De lo que se trata es seguir desgastando al gobierno en vistas de que la gente se vuelque con los votos nuevamente a esa alternativa.

El devenir del conflicto universitario lo atestigua claramente. Luego de la masiva marcha de la semana pasada no hay ninguna intencionalidad de darle continuidad a la lucha retomando las medidas de acción directa ni mucho menos organizar por abajo a los estudiantes en unidad con los docentes. Más bien la dirección política de la universidad, en la que también está el peronismo, está retomando el dialogo con el gobierno dándole el visto bueno al proyecto para modificar la ley de financiamiento universitario. Toda una entregada cuando lo que hace falta es redoblar la lucha y radicalizar los métodos de acción directa.

En este contexto de crisis del peronismo y falta de programa claro viene subiendo la imagen positiva de la izquierda, principalmente la figura de Myriam Bregman. Esto representa una gran oportunidad y un gran desafío de la izquierda. Es necesario poder transformar toda esa simpatía en mayor peso y fuerza orgánica, entre los jóvenes, los trabajadores y toda la vanguardia que entiende la necesidad de salir a luchar contra Milei, pero también de abrir una perspectiva favorable hacia los intereses de los trabajadores.

Pero al mismo tiempo, como venimos señalando, empiezan a escucharse los interrogantes acerca de qué viene después de Milei. Acá, de lo que se trata no es de encarar el debate desde un lugar electoral como lo hace el PTS y el resto del FITU, sino aprovechar la crisis que se vive para impulsar un programa alternativo que exprese las luchas por abajo y que sirva para fomentar el desarrollo de la conciencia socialista de una vanguardia social y del activismo que se viene expresando en las calles. Pero la conciencia no se desarrolla en el vacío. Por eso una tarea política de primer orden seguir impulsando la pelea más amplia posible contra el gobierno en el terreno de la lucha de clases. Y a la par es necesario desarrollar los mayores esfuerzos para la organización independiente de esa vanguardia por intermedio de asambleas abiertas y espacios de coordinación. No solo para superar las direcciones traidoras que atan de pies y manos a los trabajadores como la burocracia sindical y el peronismo, sino para superar el carácter meramente electoral del FITU. Es la única manera de aprovechar realmente la oportunidad política que se está abriendo para la izquierda revolucionaria.

Agustín F.

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