La aparición de recientes encuestas que ubican a Myriam Bregman como la figura política nacional con mayor imagen ha abierto un profuso debate en el ámbito de la izquierda acerca de la dimensión de la oportunidad política que se nos abre, así como toda una discusión acerca de qué hacer para aprovecharla. 

El tema trascendió la esfera de las discusiones entre los partidos de la izquierda revolucionaria y alcanza a sectores más amplios de la vanguardia que se entusiasman con la posibilidad de que el trotskismo pueda dar un salto en su representación e influencia política e, incluso, plantearse el desafío de “prepararse para gobernar”. Así se desprende de la carta que publicaron un grupo de intelectuales de izquierda, entre los que se encuentran Aldo Casas y Ariel Petruccelli, entre otros. 

Entre otras cosas, en dicha carta sus autores sostienen que “En Argentina hoy está abierta la posibilidad de que una opción revolucionaria sea vista con simpatía por un sector ya no pequeño de la sociedad: ese es el mérito histórico del FITU como coalición y del PTS como el partido con mayor incidencia en ese frente político”1.  

Desde la OST presentamos este texto como un aporte a esta discusión.  

La necesidad de una caracterización justa 

No hay forma de encarar el debate de una manera seria y honesta, y mucho menos de pensar una política, si no se parte de una caracterización justa sobre la naturaleza y los alcances de la oportunidad política que casi todo el mundo registra para la izquierda.

En primer lugar, no tiene sentido afirmar, como hacen algunos intelectuales de izquierda como Rolando Astarita, crítico de la Carta, de que no habría ninguna novedad a la que dar respuesta: que los números favorables que muestran las encuestas para los referentes de la izquierda no habilitarían dar cuenta de ningún cambio relevante en la situación, y que por lo tanto no requeriría más debate político programático que el que ya está planteado en el programa del FIT vigente desde la fundación del mismo, quince años atrás. 

Evidentemente, hay una novedad: que producto de la crisis de las principales alternativas capitalistas la izquierda revolucionaria aparezca en primer plano en las encuestas que encarga la burguesía y cuyos referentes sean bien considerados por un público bastante mayor al habitual no puede no reflejar un dato político, así como una oportunidad sobre la que hay que intervenir. Pero dada esta oportunidad, aparecen también los riesgos: perder el equilibrio y desorientarse ante los números. Otro riesgo sería intentar utilizar la oportunidad política como medio para saldar disputas de relaciones de fuerzas entre la izquierda, como fin en sí mismo. 

En primer lugar, es evidente que ningún análisis puede comenzar sin dar cuenta del deterioro y la crisis que sufren todos los partidos patronales. A fuerza de ajuste y ataques brutales a las condiciones de vida de la clase trabajadora, en los últimos meses estamos viendo como la imagen de Milei no para de caer. Para colmo, después de años de llenarse la boca hablando contra “los políticos” y “los privilegios de la casta”, los más burdos escándalos de corrupción sacuden al gobierno día tras día. Esto golpea a todo un sector que le dio su voto a Milei sobre la base de la frustración con los dos bloques políticos mayoritarios que predominaban hasta entonces. 

Pero la crisis más profunda es la de un partido histórico como el peronismo. Luego de la desastrosa experiencia del gobierno de Alberto Fernández, en el peronismo domina la fragmentación, las internas y la incapacidad de ofrecerse como una alternativa de gobierno, tanto para la burguesía como para amplios sectores que históricamente el peronismo siempre alcanzó. 

Por eso, hoy la tendencia dominante en el peronismo es la de ensayar un giro a la derecha y volver a ganarse el visto bueno de la gran burguesía como fuerza política capaz de administrar el país. De ahí se explica no sólo el coqueteo del ala “progresista” con figuras ultraconservadoras del peronismo (CFK con Pichetto, el tanteo de posibles candidaturas como el pastor Dante Gebel o el banquero Jorge Brito, etc.) sino también los llamados a conformar un peronismo “racional” (para el mercado), el apoyo de casi todos los gobernadores peronistas en la sanción de las más infames leyes en el Congreso, el pacto y posterior traición histórica de la dirección sindical peronista frente a ataques de magnitud como la reforma laboral, etc. Sobre la base de todo este cóctel se recorta la figura de Kicillof, hoy por hoy el único candidato presidencial del peronismo, y que pretende mostrarse como una figura “moderada” frente a los ojos de la gran burguesía y el “mercado”. 

Sin embargo, este giro hacia la derecha de las direcciones políticas y sindicales peronistas no expresa lo que ocurre en las bases, donde toda una amplia vanguardia de masas que, si bien todavía no rompe políticamente con el peronismo, manifiestan todos los días su más profundo rechazo a Milei y sus medidas, salen a la calle cada vez que se los convoca, así como por abajo, en todos los lugares de trabajo, expresan su bronca frente a la inacción y traición de la burocracia sindical. Es decir, el ensayo de giro a la derecha del peronismo está dejando todo un espacio que antes hegemonizaba el kirchnerismo, y que ahora empieza a ocupar (a nivel de representación político-electoral) la izquierda, a través de la principal figura. 

Por lo tanto, el crecimiento de la figura de Bregman viene a ocupar el espacio que deja abierto el kirchnerismo. Esto, evidentemente, constituye una oportunidad política significativa, pero no habilita a concluir mecánicamente la existencia de un giro a la izquierda o una radicalización a la izquierda de sectores de vanguardia de masas. 

Otro elemento insoslayable es que frente a la deslegitimación creciente de todo el arco político patronal (incluido ahora también Milei), Bregman aparece como una figura consecuente, “honesta” para los ojos de las masas, que no está manchada de las tropelías de los políticos patronales2. No es que esto no sea un activo político, pero hay que considerarlo en su justa medida: una cosa es la buena imagen de una referente y otra es un avance sustantivo en la conciencia política de las masas. Lo primero puede ser insumo para intervenir políticamente en favor de lo segundo, pero de ninguna manera hay que confundir una cosa por otra. 

Señalamos esto porque lo que registramos en el desarrollo del debate abierto es la tendencia a perder tanto las proporciones como el contenido real del “fenómeno Bregman”. Cuando comenzamos señalando la necesidad de una caracterización justa nos referíamos a que hace falta partir de la dinámica política objetiva, que intentamos resumir brevemente más arriba. Pero una cosa es partir de los fenómenos objetivos de la realidad (crisis de Milei y el peronismo) y otra cosa es caer en el objetivismo: la tendencia a dar por resueltos los problemas políticos por las mismas condiciones objetivas que, en realidad, los plantean.  

La cuestión de si está planteada una radicalización hacia la izquierda de sectores de vanguardia de masas (como la Carta de Intelectuales plantea poniendo como ejemplo un movimiento pendular respecto al fenómeno Milei) o afirmaciones del tipo de que la izquierda debe “prepararse para gobernar” tienen el problema de que exageran el alcance de lo que muestran las encuestas (nótese la amplia distancia entre la imagen positiva de Bregman y su intención de voto) así como su significado: las masas e incluso la vanguardia no rompieron políticamente con el peronismo ni con sus direcciones (¡Sobre esa base es que la CGT pudo operar una traición histórica cuando el tratamiento de la reforma laboral!), pero la izquierda aparece ocupando el lugar político-electoral que deja abierto la crisis de ese sector. Una radicalización política a la izquierda no es posible de darse sólo al nivel de la “representación”: es necesario que medie la experiencia de la lucha de clases. Este es el fin de la metáfora del “péndulo”. Si bien esa dinámica pendular viene reflejándose a nivel internacional, la polarización es asimétrica: frente al avance de la extrema derecha hay respuesta desde la lucha de clases, pero esos procesos de resistencia todavía no se traducen a posiciones revolucionarias en el plano político, sino que son capturados por las direcciones políticas conciliadoras. Argentina, a pesar de su situación particular en la que el trotskismo es un actor político a nivel nacional, no es la excepción. Y por lo tanto no puede plantearse el problema del poder sin pasar por la cuestión previa de superar las actuales direcciones de la clase.  

Por lo tanto, el problema (y la oportunidad) política que se abre es cómo transformar la simpatía hacia la izquierda en batallar por hacer avanzar la conciencia de más amplios sectores en un sentido de clase y socialista, es decir, de superación del peronismo, así como ganar en peso orgánico: hoy sufrimos un desfasaje descomunal entre la visibilidad “superestructural” de la izquierda y su inserción orgánica en la clase trabajadora, el movimiento estudiantil y las amplias masas.  

Si un posible riesgo es caer en una suerte de “objetivismo” que sólo ve los límites y no las oportunidades, la posición del PTS puede caracterizarse como la opuesta: una especie de subjetivismo acérrimo en la que todo se explica por mérito del propio PTS. Así lo dejaron claro en una nota polémica luego de los actos divididos del 1° de Mayo dirigida a sus socios del FITU: “En sus intervenciones, los tres [PO, MST e IS] reconocieron el crecimiento de Myriam Bregman, aunque señalaron que eso reflejaba ‘un mérito de la unidad de la izquierda’. La realidad es más compleja. Si se repasan encuestas, son Bregman y Del Caño quienes ocupan posiciones muy destacadas (…) No se trata de un crecimiento “general” de la izquierda”3. Es decir, hay que concluir que según el PTS no hay un espacio político para la izquierda de conjunto, sino sólo para el PTS. Algo similar quedó refrendado en el informe político de la dirección nacional del PTS publicado dos semanas después, hablando de la crisis de representación: “amplios sectores que a lo largo de los últimos años han visto fracasar a los distintos partidos burgueses, han visto actuar a los referentes del PTS…”4. Esta es la lógica con la que el PTS se encerró solo a hacer un acto el 1° de Mayo: registran la oportunidad política para la izquierda, pero la abordan bajo una lógica sectaria en la que el verdadero contenido de dicha oportunidad sería poder sacarse de encima la “molestia” de tener que intervenir y discutir en la vanguardia con otros partidos y corrientes. Esto conecta con lo que veremos enseguida, acerca de cómo el PTS piensa que debe aprovecharse esta oportunidad. 

Pero antes agreguemos que el PTS queda preso de su lógica: mientras de cara a la vanguardia se para como lo más grande del mundo, a la presión real que le llega desde sectores de masas intenta resolverla poniendo paños fríos. Así, cuando le consultaron a Christian Castillo sobre un posible gobierno de la izquierda, respondió con evasivas de que “no se puede cambiar nada sin una fuerza social organizada”, y otras ideas por el estilo. Pero es el propio PTS el que alimentó las expectativas que ahora le vuelven como un boomerang bajo la forma de una fuerte presión a la adaptación al régimen: haciendo campaña electoral con un contenido parlamentarista, sin mucho más contenido que “la izquierda al Congreso”, y afirmando ser “la oposición que no transa”, una consigna que coquetea con ser una opción desde dentro del régimen5

Reagrupar a la vanguardia para batallar por la conciencia de millones 

Comprender la naturaleza exacta de la oportunidad política abierta para la izquierda (es decir, sus innegables alcances, pero también sus límites) es tarea primordial sin la cual no es posible darse una política para su aprovechamiento en un sentido revolucionario. 

Como hemos planteado en anteriores ocasiones en sendos debates con el FITU, desde la OST creemos que la principal tarea del momento consiste en reagrupar a la vanguardia y los luchadores para desde allí batallar por la conciencia política de un auditorio mucho más amplio que lo normal para la izquierda revolucionaria, dada la crisis política de la que venimos dando cuenta. 

Pero ¿en qué consiste concretamente este “reagrupamiento”? En primer lugar, reunir a todos las corrientes y sectores que están en pie de lucha contra Milei, es decir, que comprenden la necesidad de derrotar al gobierno en las calles –o que llevan adelante en los hechos esta tarea. Eso incluye no sólo a los partidos de la izquierda, sino también a sindicatos, delegados y comisiones internas independientes, sectores de trabajadores en lucha, coordinadoras y asambleas por lugar de trabajo y estudio, que en distintos lados surgen desde abajo contra los ataques permanentes del gobierno: jubilados, colectivos de discapacidad, organismos de DD.HH., entre otros. Y, en fin, reunir a cientos y miles de activistas que pueblan los lugares de trabajo y estudio. 

Un reagrupamiento de este tipo requiere una serie de organismos como coordinadoras y asambleas abiertas para organizar la lucha contra el gobierno y discutir una salida política a la crisis desde los trabajadores. La izquierda está en condiciones de lanzar una iniciativa de este tipo, pero a condición de superar el carácter electoral del FITU, un frente que tiene el mérito de haber mantenido una alternativa independiente durante muchos años, pero cuyos integrantes le han impreso una dinámica severamente cerrada y conservadora (nadie quiere “abrir el juego” por miedo a “perder lo que tiene”). Esta lógica termina imponiéndose por la misma estrechez electoral que, si bien permitió a los partidos del FITU convertirse en una referencia política nacional, al mismo tiempo le impone claros límites a la hora de ser un factor organizador de la vanguardia. 

De cara a las elecciones del año pasado, desde la OST propusimos que el FITU convoque a asambleas abiertas en todo el país para abrir las listas y lanzar una campaña electoral construida desde abajo, una iniciativa que hubiera involucrado de manera activa a sectores que simpatizan con la izquierda, pero a los cuales no se los convocó más que a votar al FITU. Como ya es sabido, el FITU estuvo lejos de avanzar en ese sentido. 

Sin embargo, el espacio abierto para la izquierda está motorizando que algunos integrantes del FITU comiencen a registrar los límites que durante años negaron: desde hace poco más de un año el PTS también comenzó a hablar de la necesidad de “superar” la experiencia del FITU, y lanzó la consigna de “un partido de la nueva clase trabajadora”. Ahora el PTS relanza esta política bajo el influjo de los sondeos favorables para Bregman. 

¿Cuál es el verdadero contenido de esta propuesta del PTS? Su política de autoaislamiento de cara al 1° de Mayo y el más reciente llamado a conformar “comités de apoyo a Myriam Bregman” nos dan una pista. Aunque el PTS declare la necesidad de “organizarse” y de “construir una nueva fuerza histórica”, toda su política va orientada no a reagrupar a la vanguardia en el sentido que venimos planteando sino en “agruparse” en torno al propio PTS. No puede explicarse de otra forma que hayan preferido hacer un acto propio, en un lugar cerrado, en vez de impulsar una convocatoria amplia el 1 de mayo. Del mismo modo, el pasado 24 de marzo, no se apoyó en la masiva plaza contra Milei que pudo construir el EMVyJ para desde allí dar una pelea política, sino que priorizó una política sectaria y divisionista, que terminó marginándolo de la jornada. ¿Cómo pretende construir el PTS esa “nueva fuerza histórica” sin esos cientos de miles que constituyen la amplia vanguardia política de nuestro país?  

La convocatoria a los “comités de apoyo a Myriam Bregman” carga con los mismos problemas. En primer lugar, el planteo es de entrada electoral, pero, además, la convocatoria está diseñada para que cada uno se sume de manera individual (la consigna es “vos haces falta”)6. Pero la vanguardia de nuestro país ya tiene sus organizaciones, su experiencia y sus dirigentes. Un planteo tan amplio como un nuevo partido de toda la clase trabajadora queda reducido a una abstracción si no se plantea una pelea política real para reagrupar a la vanguardia, luchar para derrotar al gobierno y en ese camino habilitar una experiencia de estos sectores con sus direcciones traidoras o conciliadoras. Nuevamente, del mismo modo que afirma que no hay un crecimiento “general de la izquierda” sino “del PTS”, este partido parece ver en el fenómeno Bregman la oportunidad de “saltar por encima” de la experiencia política real de nuestra clase y su vanguardia, que se expresa en sus organizaciones. 

Un programa con una salida desde y por la clase trabajadora 

Sobre la necesidad de este reagrupamiento que venimos planteando es que hace falta (y todo se trata de que hay una enorme oportunidad para ello) dar una gran batalla por la conciencia de millones que, por la crisis política de todos los sectores burgueses, y en particular del peronismo, están mucho más dispuestos a “escuchar” un programa de salida desde los intereses de la clase trabajadora. 

Pero un programa de ese tipo debe hacer carne en una fuerza social que esté organizada y dispuesta a luchar por él. De ahí que la discusión del programa no pueda escindirse del sujeto que vaya a pelear por conquistarlo. Por eso, la política de cerrarse sobre sí mismo del PTS termina víctima de su propia encerrona: al no intentar superar el carácter electoral de la influencia conquistada por Bregman y otras figuras, su intervención política queda limitada a seguir intentando “caer bien” y no perder el espacio prestado del “kirchnerismo consecuente”. El resultado es que es difícil encontrar en las intervenciones mediáticas de Bregman el planteo de puntos programáticos profundos, transicionales, salvo en el caso del no pago de la deuda externa. 

Insistimos en este punto: la tarea de batallar por la conciencia en un sentido socialista y por el reagrupamiento de todos los luchadores no son tareas separadas. No hay pelea por la conciencia que no sea una tenaz pelea política en el terreno de la lucha de clases, y eso implica intervenir en el terreno concreto en el que se libran esas luchas: contra el enemigo de clase, pero también con los aliados tácticos y circunstanciales, con la vanguardia y sus organizaciones, en búsqueda de superar las direcciones burguesas. 

Por un programa socialista – Una propuesta de la OST 

En base a todas estas consideraciones y ante la crisis social y económica que atraviesa Argentina, que hunde a millones de trabajadoras y trabajadores en la pobreza, que destruye los salarios y cierra fábricas, desde la OST planteamos la necesidad de lanzar una campaña que plantee una solución de fondo, esto es, una salida socialista, en el marco de la pelea más general por reagrupar al conjunto de los luchadores, abriendo así una salida obrera y popular a la crisis. Planteamos a continuación los que nos parecen 10 puntos elementales sobre los que puede concentrarse una gran campaña socialista desde los trabajadores. 

1. Aumento general de salarios, jubilaciones y pensiones en base a impuestos progresivos a las grandes empresas, bancos y terratenientes. Por un salario no menor al valor de la Canasta Familiar. 

2. Fuerte inversión presupuestaria para educación y salud públicas. Por la inmediata aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario. Urgente atención de todas las demandas de los hospitales y del colectivo de personas con discapacidad. 

3. Anulación inmediata de la Ley Laboral esclavista y antiobrera. Prohibición de los despidos en todos los lugares de trabajo. Que toda fábrica que cierra pase a manos del Estado bajo una gestión de sus trabajadores, como la emblemática FATE.  

4. Basta de negociados con los servicios públicos. Por la nacionalización del sistema energético y del transporte público mediante una administración de sus trabajadores, profesionales y usuarios. Por un plan de desarrollo integral de la industria, la infraestructura urbana y habitacional que contemple las necesidades insatisfechas de toda la población.   

5. No al pago de deuda externa y anulación del acuerdo usurero con el FMI. Fuera la injerencia del imperialismo norteamericano. Por la nacionalización del comercio exterior para un control de las divisas de exportación. La deuda es con los trabajadores y las mayorías populares.  

6. Basta de saqueo de los recursos naturales. Nacionalización integral del petróleo, el gas y el litio. Defensa de la Ley de Glaciares y la Ley de bosques. Fuera la megaminería a cielo abierto. Por un desarrollo económico sustentable y ecológico.  

7. Aplicación efectiva de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Defensa de la Ley de Educación Sexual Integral en todas las escuelas. Basta de discursos odio, aplicación del cupo laboral trans. Presupuesto para prevenir y combatir la violencia de género.  

8. Por la plena vigencia de los derechos democráticos a la protesta, la huelga, la libertad de expresión y de movilización. No a la represión policial y la persecución a los luchadores.  

9. Solidaridad internacional con los pueblos oprimidos del mundo. Fuera el Estado genocida de Israel de Palestina. Viva la rebelión obrera y campesina en Bolivia. Fuera las manos del imperialismo yanqui de Cuba. 

10. Por un gobierno de las y los trabajadores y el pueblo. Por la convocatoria a una Asamblea Constituyente democrática y soberana que refunde el país para la construcción del socialismo.


  1. Ver: La izquierda ante un gran desafío – Huella del Sur | 22/04/26.  ↩︎
  2. En un artículo sobre este mismo tema, Federico Mare y Nicolás Giménes, del colectivo Kalewche, indican que la figura de Bregman no deja de estar beneficiada por cierto “honestismo” político, definido como “la creencia de que es la corrupción de los políticos, en lugar de la política económica neoliberal –en particular– y el sistema capitalista –en general–, los causantes de las desgracias materiales de las clases populares.” Ver: ¿Y si la izquierda toma el cielo por asalto? A propósito de una carta abierta al FITU – Kalewche  ↩︎
  3. 1° de Mayo. Acto del PO, IS y MST en Plaza de Mayo | La Izquierda Diario 01/05/26. ↩︎
  4. El declive de Milei, el debate por lo que viene y el crecimiento de Bregman y el PTS | La Izquierda Diario 14/05/26.  ↩︎
  5. Remitimos a las críticas que desde la OST realizamos a los compañeros del PTS sobre el contenido de su campaña electoral durante 2025: ¿Qué campaña electoral tiene que hacer la izquierda? – Un debate con el FITU – OST | Organización Socialista de los Trabajadores | 31/08/25.  ↩︎
  6. Al momento de escribir esta nota, el PTS lanzó un “manifiesto” en el que se insiste en este llamado. Ver: Para debatir y organizarse. Salió el nuevo Manifiesto del PTS: ¿Cómo cambiamos la historia? | La Izquierda Diario 22/05/26.  ↩︎

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