El triunfo de la ultraderecha filo-nazi de Alternativa por Alemania (AfD, por sus siglas en alemán) el pasado 6 de septiembre en la región de Sajonia-Anhalt fue como un cimbronazo político en todo Europa y cuyo impacto se sintió en el resto del mundo, significando una de las novedades más reaccionarias de toda la situación política europea y mundial. Sin embargo, pocas semanas después, tras otras elecciones en Alemania -nada menos que en Berlín- sumado a grandes procesos de movilizaciones en España, Francia y la propia Alemania, la coyuntura parece estar dando un giro abrupto: los intereses de los de abajo entraron en escena y marcan ahora la tónica en Europa, dejando planteada una situación de creciente polarización política y social.

Lo inmediatamente sucesivo al resonante triunfo de AfD fue el igualmente impactante triunfo electoral de la izquierda reformista de Die Linke en Berlín, hecho que se dio justo antes de que se desataran una serie de grandes movilizaciones de estudiantes secundarios contra la implementación del servicio militar que quiere imponer el gobierno de Merz. Al mismo tiempo, en España, el escandaloso intento de desalojo de Maricarmen, una jubilada de 87 años que alquila una propiedad que fue comprada por un grupo inmobiliario despertó una masiva respuesta por parte de la juventud estudiantil y trabajadora en su defensa y poniendo sobre el tapete la cuestión del derecho a la vivienda. Finalmente, el clima de movilizaciones llegó también a Francia, donde el plan de austeridad de Macron, el ajuste al presupuesto educativo, y el aumento de combustibles relanzaron toda una serie de movilizaciones obreras y estudiantiles que están sacudiendo el país.

De esta manera, Europa se metió de lleno en una nueva coyuntura que viene a configurar la contracara del ascenso de la ultraderecha y los sectores reaccionarios de los últimos años. Un “soplo de aire fresco” en una coyuntura mundial que venía atravesada por los embates imperialistas de Trump y Netanyahu.

Alemania: una dinámica de creciente polarización

El resultado de AfD el pasado 6 de septiembre constituyó el primer triunfo de esa formación de extrema derecha en un estado del país germano. Se trata de Sajonia-Anhalt, un estado del centro-este alemán que era parte de la República Democrática Alemana (RDA) y que luego de la caída del muro, lejos de que la restauración capitalista significara el inicio de una época de prosperidad, trajo consigo la profundización de las desigualdades estructurales que subsisten hasta hoy.

De hecho, en ese Estado del este de Alemania el salario bruto promedio es significativamente menor que la media nacional, mientras que el desempleo se ubica por encima (8,1% contra el 6,4% a nivel nacional). Mientras en 2025 la economía alemana apenas pudo crecer un raquítico 0,2%, en Sajonia-Anhalt -un ex estado industrial desmantelado por tres décadas de neoliberalismo- la actividad se contrajo en un -0,2%. La campaña de AfD se centró en adjudicar este clima de decadencia económica y social al impacto de la inmigración -aunque precisamente en ese estado el porcentaje de población extranjera está bastante por debajo que en otros- en el costo de los servicios sociales y en la “amenaza cultural” alimentando la islamofobia, el nacionalismo y el racismo: uno de los afiches de campaña más impactantes mostraba a una familia “tradicional” étnicamente “aria”, con los padres extendiendo sus brazos simulando cubrir a sus hijos bajo un techo, en un sugestivo gesto que se parecía bastante al saludo nazi.1

Cuando todavía el mundo hablaba del impacto del triunfo de AfD, apenas dos semanas después las elecciones en Berlín pusieron otra vez a Alemania en la tapa de los diarios del mundo, esta vez por el triunfo de Die Linke (“La izquierda”) con el 25,7% de los votos, un partido de izquierda reformista erigido sobre los resabios del antiguo Partido Socialista Unificado que gobernó la RDA hasta su disolución, y otros sectores ligados a sindicatos y movimientos sociales que a mediados de la década del 2000 rompieron por izquierda con el Partido Socialdemócrata (SPD). Más allá de la persistencia de viejos burócratas de la Alemania oriental, el partido ha ganado influencia a través de sus referentes más jóvenes, más ligados al activismo ambiental, estudiantil y sindical. De entre estos emergió la figura de Elif Eralp, una abogada hija de inmigrantes turcos que encabezó la lista de Die Linke y centró su campaña enfocándose en el problema de la vivienda: sus propuestas consistieron en congelar los precios de los alquileres y en la expropiación de miles de viviendas en manos de grandes empresas inmobiliarias. Berlín es una de las ciudades europeas donde la crisis inmobiliaria es más aguda: el 85% de la población alquila una vivienda, y el precio de los alquileres aumentaron casi el doble que los ingresos en los últimos diez años.2

El triunfo de Die Linke con el 25,7% se construyó sacando amplia ventaja en los distritos de mayor composición obrera y migrante. Sin embargo, su perspectiva no deja de ser gobernar junto a los mismos partidos del sistema que todos estos años gobernaron al servicio del gran capital, por lo que no sentamos confianza en ese partido sino que consideramos que solo la movilización de la juventud y los trabajadores puede imponer realmente los intereses de los de abajo. El otro dato significativo que marca la tónica de la polarización fue el 16,3% para AfD, su mejor elección en Berlín desde que existe ese partido, con la particularidad de que la ultraderecha tuvo especialmente buena performance en los distritos más alejados y pobres de la ciudad, donde el nivel socioeducativo promedio es el más bajo.

Pocos días después de los comicios berlineses, la ciudad otra vez se vio sacudida esta vez por una gran movilización de 45.000 jóvenes -en su mayoría estudiantes secundarios- en rechazo a la conscripción encubierta que está llevando adelante el gobierno de Merz, que pretende instaurar un servicio militar falsamente “voluntario” (pero con revisiones médicas obligatorias) en el marco de una nueva Ley de Seguridad que plantea aumentar considerablemente el gasto militar del país y el tamaño del ejército, al mismo tiempo que se están recortando los presupuestos de gastos sociales, programas de salud y educación. Los jóvenes berlineses salieron a la calle con banderas palestinas, con consignas contra la guerra y contra el aumento del presupuesto militar, mientras formaban rondas donde quemaban o destruían los formularios de revisión médica obligatoria que les envió el gobierno.

España: El “decreto Maricarmen” abre un proceso de movilización popular y deja planteada la huelga general

La crisis de vivienda que mencionábamos no es exclusiva de Berlín sino que marca la tónica del avance de la ofensiva capitalista en Europa luego de años de políticas neoliberales. En España, estos ataques encontraron un límite tras la enorme movilización popular y acampada en defensa de Maricarmen, una anciana de 87 años con discapacidad que estaba a punto de ser desalojada de la vivienda que alquila hace décadas en Madrid y que había sido comprada por un grupo inmobiliario que le exigía a la mujer el pago de un alquiler con un 257% de aumento.

Lo que comenzó como un acampe para impedir el desalojo se transformó en una gran movilización nacional en la Puerta del Sol y un grito en defensa del derecho a la vivienda, vapuleado por la avanzada de los grandes conglomerados inmobiliarios y empresas turísticas que especulan con el precio de las propiedades, impulsan la gentrificación expulsando a la población trabajadora del centro de las ciudades y hacen negocios millonarios con el turismo, todo a costa de una crisis de vivienda sin precedentes en el país.3

Con el correr de los días y a pesar de la orden de desalojo, cada vez más personas se sumaban a la concentración y acampe, con un nítido componente juvenil que ve en la defensa del derecho a la vivienda una pelea por su propio futuro. La movilización, que comenzó a replicarse en más ciudades, logró que la empresa propietaria dé marcha atrás, retire el pedido de desalojo y acepte mantener el precio del alquiler de Maricarmen. Pero, además, la movilización y la presión al gobierno de Pedro Sánchez -que durante años había prometido políticas para proteger a los inquilinos pero no había instrumentado hasta ahora- obligó al gobierno a tener que publicar un decreto que suspende todos los pedidos de desahucios de personas consideradas “vulnerables” hasta el año 2030 si el demandante es un fondo de inversión especulativo, además de ponerle límites a la compra de propiedades a precio vil por parte de fondos buitres.

Sin embargo, a días de publicado el decreto la cámara de Diputados lo rechazó con los votos del PP, VOX y otros aliados, a los que se sumó el partido catalán Junts per Catalunya, un partido independentista de centro-derecha (ha acompañado al PSOE en algunas votaciones y al PP/VOX en otras) de orientación neoliberal.

Luego del rechazo parlamentario, cientos de miles salieron a las calles convocados por el Sindicato de Inquilinas en decenas de ciudades del Estado español este sábado. En Madrid, la marcha del 3 de octubre estuvo encabezada por la consigna “Hacia la huelga general”, tomando centralidad la exigencia a las centrales sindicales de que convoquen a la lucha por el derecho a la vivienda.

Mientras la acampada en la Puerta del Sol continúa y en todo el país se llevan adelante asambleas y comités de lucha a pesar del rechazo parlamentario, la pelea por el derecho a la vivienda que desató el caso Maricarmen rompe abruptamente con una coyuntura mucho más reaccionaria que había estado marcada por la crisis migratoria en Ceuta, donde el gobierno de Sánchez -cediendo a la presión de toda la derecha racista y xenófoba- respondió con deportaciones masivas y militarización.

Francia: la juventud y la clase trabajadora a las calles contra el ajuste de Macron

Francia se convirtió en el tercer punto nodal de esta nueva coyuntura europea, con un masivo y radicalizado proceso de protestas de los estudiantes secundarios que se desató a mediados de septiembre con el comienzo del año lectivo: movilizaciones, bloqueos y piquetes en cientos de liceos (colegios secundarios) de toda Francia han sacudido la situación política, y el gobierno de Macron está respondiendo con una salvaje y violentísima represión que, sin embargo, hasta ahora no ha podido derrumbar el ánimo de lucha,

Los estudiantes denuncian el ajuste educativo que lleva adelante el gobierno: deterioro edilicio, cursos superpoblados, falta de profesores y personal auxiliar y limitaciones cada vez más estrictas para acceder a la educación superior son algunas de las denuncias que convocaron a cientos de miles de jóvenes y adolescentes franceses a salir a pelear.

Cuando la protesta de secundarios ya estaba en franco ascenso, el Gobierno presentó el 1 de octubre un presupuesto para 2027 que contempla unos 43.000 millones de euros en nuevas medidas de ajuste; todo un plan de austeridad que, a pesar de la campaña de los medios de comunicación contra los estudiantes que protestan, acusándolos de violentos, le dieron la razón al movimiento de lucha acerca de la situación real del ajuste educativo. Entre otras cosas, el presupuesto presentado por Macron prevé congelamiento salarial de todos los empleados públicos (incluidos los maestros) y la eliminación de puestos docentes, así como recortes a las administraciones territoriales, que son precisamente las responsables del mantenimiento y renovación de los liceos; al mismo tiempo que aumenta aranceles para estudiantes superiores que no cuentan con becas.

La presentación del plan de austeridad combinó la protesta estudiantil con toda una serie de movilizaciones de trabajadores, en particular del sector público, que salieron a manifestarse contra la propuesta de congelamiento salarial, en un contexto de subida de la inflación. Sectores de la docencia se plegaron a la protesta estudiantil e incluso formaron barreras en los liceos contra la represión, mientras que algunos sindicatos de maestros llamaron a la huelga. Otro de los sectores especialmente afectados que salieron a la lucha y se enfrentaron con la policía son los bomberos, uno de los sectores más afectados por los recortes previstos por Macron.

Mientras el proyecto de austeridad fiscal de Macron supone recortes en salud, educación, congelamiento de pensiones, subsidios por enfermedad y accidentes laborales, entre otros ajustes, el presupuesto de Defensa pasaría de aproximadamente €57.000 millones en 2026 a €63.400 millones en 2027, un aumento anual: €6.400 millones. El otro ítem donde el gasto sí aumenta es en el pago de intereses de deuda.

Por eso, tanto las protestas estudiantiles como las de los trabajadores están tomando en cuenta el rechazo al rearme y al aumento del gasto militar que el imperialismo francés utiliza, entre otras cosas, para su apoyo al genocidio en Gaza o las agresiones imperialistas de la OTAN en Medio Oriente.

El 29 de septiembre pasado, los estudiantes secundarios, bomberos y trabajadores del sector público se unieron en una acción común y ya está convocada una nueva manifestación unitaria para el próximo martes, un enorme ejemplo de lucha y unidad obrero-estudiantil que tiene la potencialidad de derrotar el ajuste de los gobiernos y los ataques de la extrema derecha.

En Francia, como en Alemania, España y todos los últimos grandes procesos de protestas mundiales tienen en común un componente que ya es propio de nuestra época: el protagonismo ineludible de la juventud que sale a las calles frente a un capitalismo cada vez más agresivo que quiere robarles el futuro. Los estudiantes franceses y alemanes que rechazan la militarización y la represión, así como los miles de jóvenes que acampan en la Puerta del Sol muestran que hay un futuro, y que hay que arrancárselo a los poderosos mediante la organización y la lucha. Este es el camino con el que se puede derrotar los ataques de la extrema derecha y, al mismo tiempo, abrir la perspectiva de relanzar el socialismo revolucionario.


  1. En simultáneo, días antes de la elección se viralizó cómo en uno de los actos de campaña de AfD se cantó el himno nacional de la antigua Alemania Oriental en lugar del himno oficial alemán actual, todo un gesto que expresa cierta nostalgia de un orden autoritario que combina los rasgos típicos de la extrema derecha actual con la arremolinada historia del país. ↩︎
  2. En el año 2021, un referéndum en Berlín votó ampliamente a favor (59,1%) por la expropiación masiva de departamentos en manos de grandes conglomerados inmobiliarios que concentran más de 3000 propiedades cada uno. A pesar del claro resultado, el entonces gobierno de coalición entre el SPD y la Democracia Cristiana (CDU) se negó a instrumentar esa medida respondiendo al millonario lobby inmobiliario. Luego del reciente triunfo de Die Linke, el canciller Merz (CDU) amenazó con impulsar una ley que prohibiría a los gobiernos estatales expropiar propiedades privadas. ↩︎
  3. “Desde 2015, los precios de las casas y apartamentos a la venta o para alquilar han subido un 80%, mientras que los salarios de los trabajadores solo han aumentado un 30% en el mismo tiempo, según datos del INE [Instituto Nacional de Estadística]. En algunas ciudades españolas, el precio promedio de un alquiler actualmente alcanza los US$1.335 mensuales, una cifra que equivale al 98,7% del salario medio de una persona joven.” | Cómo España pasó de construir más casas de las que necesitaba a enfrentar una grave crisis de vivienda – BBC News Mundo ↩︎

TE PUEDE INTERESAR