Hace 50 años, el 27 de mayo de 1976 un grupo de tareas secuestraba a Raymundo Gleyzer de la puerta del SICA (Sindicato Cinematográfico Argentino) y desde entonces permanece desaparecido. De esta manera buscaban silenciar no sólo a un artista comprometido sino a una generación de luchadores revolucionarios.

Gleyzer marcó fuertemente al cine argentino y es la principal referencia para el cine político y militante, al haber hecho a sus producciones parte de la militancia revolucionaria de los años ’70.

Estudió Cine en la UNLP, en la por entonces Escuela Superior de Cine. Ya sus primeros trabajos en la década del 60 tenían un fuerte componente social: filmó en el norte brasileño el corto La tierra quema, un documental que expone y denuncia la miseria en la que vivían muchas familias brasileñas y el problema de la tierra.

A principios de los ’70 se suma al Frente Antiimperialista de Trabajadores de la Cultura (FATRAC), el frente cultural del PRT-ERP, de donde posteriormente surgiría el Grupo Cine de la Base. Además de los comunicados cinematográficos del ERP (por ejemplo la expropiación del Banco Nacional de Desarrollo, o el secuestro y liberación de un gerente de Swift que debía sueldos), en 1972 dirigió Ni olvido ni perdón, un film sobre la masacre de Trelew, denunciando desde entonces el terrorismo de estado en Argentina.

En 1973 filma en clandestinidad su película más importante, Los Traidores, una ficción basada en hechos reales que funciona como una radiografía de la burocracia sindical peronista, la historia de un dirigente sindical y el proceso de burocratización volviéndose en contra de los intereses de su clase y enemigo de los activistas de izquierda que querían. El burócrata de ficción «Barrera» refleja a los Vandor, Lorenzo Miguel y Rucci de la época.
Los Traidores es una película concebida para proyectarla en las fábricas y en los barrios, apoyándose para eso en las organizaciones obreras de las corrientes clasistas y en dirigentes sindicales como Tosco y Salamanca.
Ya en el ’74 filma el corto «Me matan si no trabajo y si trabajo me matan», sobre las condiciones de salud de los trabajadores de una fábrica de autos que empezaron a enfermarse de saturnismo. Es un corto brillante donde los protagonistas son los obreros de la fábrica organizándose en la olla popular en la planta, discutiendo sobre como llevar adelante la lucha para ganar, politizándose y ligando el problema de salud con los problemas de toda la clase obrera, marchando al Congreso contra la prepotencia patronal junto a trabajadores de otras fábricas. Además de tener una de las mejores explicaciones del plusvalor, con los reconocidos dibujos del patrón acaparando sombreros, esta película denuncia explícitamente a la AAA «creada por este gobierno propatronal y proimperialista» que asesinan al abogado Ortega Peña y a quien se dedica el cortometraje. A diferencia quizás de sus producciones anteriores, más marcadas por el carácter heroico de los militantes y las acciones clandestinas de las organizaciones guerrilleras, en estas últimas tienen mucho más peso los trabajadores como sujeto, como los protagonistas principales de la historia.

En 1974 el grupo de Cine de la base da a conocer un Manifiesto que pasó a la historia: “el Cine de la Base halla su destinatario en los que luchan. Y en los problemas de éstos encuentra su temática y en esa temática adquiere su lucidez. En este proceso se integrarán naturalmente compañeros obreros, gente de los barrios y lugares de trabajo que busquen en el cine una forma de expresión de sus necesidades”.

“Los trabajadores de la cultura que se acerquen a nosotros deben saber que la tarea es tan dura como necesaria; Nuestra propuesta es propagandear en las bases, a través del cine, la historieta, la foto-novela, y por todos los medios gráficos y audiovisuales, las ideas del socialismo.”

Y concluye: “Nuestro compromiso no es con el cine, sino con la Revolución. Nuestro cine será revolucionario en tanto nuestra práctica militante sea de revolucionarios consecuentes”.

De esta manera y a 50 años de su desaparición reivindicamos su legado, su obra comprometida con el socialismo, con la revolución y con los que luchan. ¡Compañero Raymundo Gleyzer, presente!

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