Stonewall fue una revuelta
Marsha P. Johnson era negra, pobre y travesti. Se encontraba como casi todas las noches en un bar de mala muerte de Nueva York, regenteado por la mafia local, tomando algún trago hasta conseguir algún cliente o que la policía local la detuviera y la encerrara en algún calabozo, no sin antes golpearla hasta el cansancio. La misma suerte corría Sylvia Rivera, hija de inmigrantes latinoamericanos, travesti, pobre y activista contra la guerra de Vietnam. Ellas, entre muchos otros nombres, muchas otras caras, y muchas otras historias de opresión y marginación, fueron los nombres propios de aquel 28 de junio cuando comenzó la revuelta de Stonewall, la rebelión que marca un antes y un después en la historia de lucha por los derechos de la comunidad LGBTTI.
El Stonewall Inn. Era uno de tantos bares donde se reunían las travestis, gays y lesbianas neoyorquinas. Manejado por la mafia italiana de la ciudad de Nueva York, el sitio era frecuentado por proxenetas y narcotraficantes, que utilizaban a la comunidad LGBT, criminalizada y marginada, para acumular sus ganancias a costa de la vida de las travas, las lesbianas y los putos. Las redadas policiales eran frecuentes y muchas veces eran los mismos dueños del bar los que llamaban a la policía.
Los sectores más pobres y discriminados de la sociedad norteamericana encontraban en Stonewall el único medio de supervivencia, el único lugar al que podía ir luego de ser expulsados de sus casas, el único lugar donde compartir con personas como vos que están en la misma que vos. Se encontraron, poco a poco, haciendo una comunidad, compartiendo experiencias, hablando de las injusticias que vivían día a día y de la hipocresía que representaba que el país más rico, “libre y democrático” del mundo los tratara como descarte humano. Ese bar representaba al mismo tiempo toda la miseria de este sistema capitalista patriarcal, y el espacio de encuentro de una comunidad desesperada por cambiar su realidad material
Los abusos, la humillación y la denigración pueden ser soportadas por un tiempo, incluso uno muy largo, pero todas terminan encontrando sus límites. O, mejor dicho, todas se terminan encontrando con la resistencia y la rebelión de esos sectores oprimidos que le ponen un límite. La comunidad LGBT en Nueva York llego a ese punto en junio de 1969, cuando una noche de verano la policía local hizo una redada en el Stonewall Inn y quiso arrestar a varias de las compañeras que se encontraban en el bar esa noche, fue la chispa que prendió la pradera. Rápidamente se desató la revuelta homosexual más grande hasta ese momento. La comunidad LGBTTI (que por aquel entonces todavía no tenía ese nombre) resistió a la policía, enfrentó a la mafia y salió a las calles en busca de solidaridad y organización de una juventud norteamericana movilizada contra la guerra de Vietnam y cansada de las injusticias.
Cada 28 de junio se conmemora aquella fecha de lucha, resistencia y rebeldía que marcó a fuego la pelea por los derechos de las lesbianas, gays, travestis, transexuales, bisexuales e intersex, realizando la ya tradicional marcha del orgullo en todo el mundo1. Reivindicar a Stonewall y hablar de orgullo hoy requiere organizarse contra los Trump y los Milei del mundo que nos atacan todos los días con sus políticas reaccionarias, que nos amenazan con encerrarnos o volver a las terapias de “conversión”, que nos usan de chivo expiatorio para las políticas de guerra social que aplican contra los trabajadores. Requiere salir a las calles contra la extrema derecha que en nombre de Dios, la familia y la propiedad privada nos quieren imponer que nuestro único destino es casarnos con nuestro género opuesto y formar una familia… una familia bien patriarcal que realice las tareas de cuidado y reproducción sin costarle un centavo a la burguesía. Stonewall fue una revuelta, hoy hace falta una revolución socialista.
Los dinámicos años 60 y la guerra de Vietnam
La década del 60 estuvo llena de movimientos sociales contestatarios por todos lados, y en Estados Unidos confluyeron muchos de ellos con una juventud organizada a la cabeza de uno de los movimientos más importantes en la historia moderna del país del norte: el movimiento anti-vietnam.
Estados Unidos entro a la guerra fría siendo la primera potencia económica y militar del mundo. Pudo usufructuar la derrota de los nazis y posicionarse como el garante de la libertad y la democracia en el mundo. Con una economía en franco crecimiento, tomó una serie de políticas económicas y sociales que tenían la doble finalidad de afianzar su posición mundial y alejar a la clase obrera de las ideas y movimientos revolucionarios. Con el denominado «Estado de bienestar” impulso una serie de medidas intervencionistas de la economía que aseguraban la creación de empleos y un nivel de consumo hasta ese momento desconocido por la clase obrera, quien en gran parte fue cooptada por el Estado y sus instituciones.

Su política oficial hacía afuera era la de “contención” del comunismo, es decir, evitar que los movimientos sociales y revolucionarios de los trabajadores tomaran el poder y, por otro lado, evitar que la URSS pudiera extender su zona de influencia. Al interior de las frenteras norteamericanas el gobierno yanqui impulso lo que se conoce como “macartismo”, en honor al senador texano McCarthy quien redacto una serie de leyes que consistían en la persecución política a todo lo que el Estado considerara comunista. Con la excusa de la guerra fría se inició una verdadera cacería de brujas hacía lideres políticos y sindicales combativos, fueran comunistas o no, y se barrió con la organización política independiente de la clase obrera norteamericana en el lapso de 5 años. El macartismo también sembró un escenario de paranoia social y desconfianza hacia todo lo que fuera tildado de “rojo” o “comunista”, deslegitimando de esta manera a todas las organizaciones de izquierda de la sociedad yanqui, sobre todo entre los trabajadores.
Entre la segunda guerra mundial y el macartismo se eliminó a la generación obrera de los años 30, una de las más dinámicas y radicalizadas en el mundo. Los trabajadores yanquis en esos años habían puesto en pie huelgas históricas, como la de brazos caídos en General Motors, estaban consolidando la sindicalización de un número creciente de trabajadores y también construyendo sus propias organizaciones políticas como el Socialist Workers Party (SWP). Pero esa generación militante y combativa de la década de 1930 dejó su huella en los sectores marginados y oprimidos que van a empezar a organizarse por esos años. El movimiento negro por los derechos civiles y las feministas de la segunda ola pueden rastrear sus orígenes a esas experiencias de organización y lucha que comienzan en los 30.
Dice el refrán popular que muerto el perro se acabó la rabia, pero contradictoriamente en Estados Unidos, una vez desactivado el peligro de una revolución proletaria y tras unos breves años de prosperidad económica, empezaron a surgir movimientos sociales con fuertes cuestionamientos al Estado norteamericano. El movimiento por los derechos civiles de los negros, los movimientos estudiantiles, la segunda ola del feminismo y la revolución sexual, el movimiento por los derechos LGBT y por, sobre todo, el movimiento anti vietnam. Estos movimientos se van a nutrir de jóvenes estudiantes y trabajadores precarizados que se encontraron con los limites y las promesas incumplidas de una sociedad que se decía prospera y libre. Eras libre de hacer negocios, ¡claro! no tan libre sí eras negro y querías sentarte en el micro, o sí eras mujer y querías abortar, o sí eras gay y querías besar a tu pareja en la calle, o sí eras estudiante y querías cuestionar tu plan de estudios, o sí eras algo de todo esto y querías un trabajo con derechos laborales y un salario digno.
Regido por su política de contención, y posicionándose como el gendarme del mundo, el gobierno estadounidense se mete de lleno en la guerra de Vietnam en el año 1964, enviando tropas terrestres e interviniendo directamente sobre el territorio vietnamita. Más allá de sus claros intereses económicos sobre la región, la guerra de vietnam en Estados Unidos tiene un contenido político e ideológico muy marcado, una revolución comunista triunfante en cualquier parte del mundo era un peligro y un cuestionamiento a su poder, y no podía permitir otra Cuba. Pero esta vez la juventud yanqui no iba a esperar pacientemente ser reclutada ni tampoco pensaba apoyar a su gobierno en una guerra que se les hacía más un mecanismo de disciplinamiento social que una causa justa.

Es que el mismo Estado que los segregaba, discriminaba, reprimía y explotaba ahora los llamaba a combatir al otro lado del mundo contra un enemigo que no conocían y contra el que tampoco tenían relación. Rápidamente la juventud norteamericana se organizó para luchar contra la guerra y boicotear activamente las campañas de reclutamiento, llevando adelante movilizaciones enormes a lo largo y ancho del país, siendo una de las más recordadas la de Washington DC frente al monumento de Lincoln en 1968. Fue esta presión social la que termina definiendo el resultado de la guerra, obligando al gobierno de Estados Unidos a retirarse y firmar la paz en 1973.
El movimiento contra la guerra de Vietnam logró sintetizar una serie de experiencias de lucha contra el Estado norteamericano y funcionó como catalizador de muchas otras. Es lo que va a motorizar a toda una juventud desencantada con la sociedad de posguerra y en busca de una alternativa política y social. Lamentablemente nunca se va a radicalizar ni adoptar estrategias o programas que cuestionen al capitalismo y sus instituciones, y de allí los limites en su estrategia y que se termine diluyendo sin más luego de finalizada la guerra, pero sin dudas es el telón de fondo de la lucha de clases de la década del 60.
Retomar Stonewall para organizarnos por una sociedad socialista
¿Por qué nos parece necesario historizar? Porque la revuelta de Stonewall no cae en el vacío, ni es un rayo en una noche serena. Las revueltas homosexuales y la marcha del orgullo son parte de un contexto muy convulsionado y de mucha politización en la historia de Estados Unidos, se insertan en una tradición de lucha y organización común a toda la juventud yanqui de esos años.
Estaba en la conciencia de los sectores que participan de las revueltas que se podía enfrentar a la policía y ganarle, que si querían triunfar a largo plazo tenían que organizarse políticamente y ganarse a la sociedad, que se podía hacer porque ya lo habían hecho otros antes. Las lideres más reconocidas de Stonewall habían participado de otros movimientos políticos, tenían experiencia organizándose y sabían que tenían que apelar a la solidaridad de esos mismos sectores.
Es importante recordar esto frente a los discursos y las corrientes políticas que pretenden separar a la comunidad LGBT del resto de los sectores oprimidos y explotados de la sociedad. La conquista de los derechos para las personas LGBTTI va de la mano con la defensa y conquista de derechos por parte del movimiento de mujeres, del movimiento obrero y de todos los demás sectores oprimidos en la sociedad. Porque nuestra opresión la produce el Estado capitalista patriarcal, nuestra emancipación solo puede conquistarse enfrentando a dicho Estado en conjunto con todos los demás explotados y oprimidos. Es necesario retomar la solidaridad de los de abajo y organizarnos de conjunto para golpear con un solo puño a los gobiernos de extrema derecha y todos los que nos quieren de vuelta en el closet.
A 57 años de aquella revuelta, se pone sobre la mesa la urgencia de retomar sus banderas para luchar por una sociedad verdaderamente libre e igualitaria, donde no se mate, discrimine ni violente a nadie por su elección sexual o identidad de género. El capitalismo de hoy en día y todos los gobiernos que lo sostienen nos demuestran que no hay lugar para nuestras demandas, mucho menos para nuestra existencia. Es necesario organizarnos con un programa político alternativo que parta de las necesidades de los trabajadores y trabajadoras y se plantee la construcción de una sociedad sin opresión ni explotación, una sociedad socialista.
- En Argentina la marcha del orgullo se realiza en noviembre porque las primeras movilizaciones en nuestro país coincidieron con el estallido de la epidemia del SIDA. Las temperaturas invernales de junio exponían a los compañeros a enfermedades que podían terminar siendo mortales frente a la falta de defensas provocado por el VIH. Se elige noviembre en honor a la fecha de fundación del Frente de Liberación Homosexual, la primera organización homosexual de nuestro país fundada en 1967. ↩︎








