Desde que asumió Milei, la situación política de Argentina atraviesa una dinámica pendular que alterna momentos de mayor fortaleza y ofensiva política reaccionaria por parte del gobierno y otros de mayor crisis y actividad por parte del movimiento de masas. En la coyuntura inmediata, comparada con picos de crisis anteriores donde la gobernabilidad estuvo seriamente cuestionada, prevalece una relativa estabilidad política, social y económica. Sin embargo, existen fuertes elementos nacionales como internacionales que acechan todo el tiempo con borrar de un plumazo los frágiles pilares donde se asienta la “gobernabilidad” mileísta.  

¿Cómo llegamos hasta acá? 

Desde que el gobierno ganó de forma inesperada las elecciones de medio término de 2025 logró pasar de una situación de crisis intensa (la peor hasta el momento) a una de empoderamiento, estabilización y paso a la ofensiva durante el verano que coronó con la aprobación de la reforma laboral esclavista a fines de febrero. La combinación de legitimidad otorgada por el triunfo en las urnas, el apoyo directo de sectores del peronismo para votar la ley en el Congreso y la fundamental ayuda de la CGT para vaciar las calles los días cuando se votaba, permitieron que el gobierno se erigiera con un importante logro para la clase capitalista. Se trató, desde este punto de vista, del peor ataque que ha sufrido la clase trabajadora en los últimos años y que en distintas fábricas comienzan a aplicarlo con distintos ritmos y modalidades.  

Pero la nafta política que las urnas le dieron a Milei pareció terminarse en el mes de marzo. Desde entonces las cosas comenzaron a complicársele. Tres elementos se fueron retroalimentando: eventos de masas en las calles con la movilización del 24 de marzo contra la última dictadura genocida y la masiva marcha universitaria, la “economía real” en caída constante y el nuevo escándalo de corrupción alrededor del caso Adorni. Un cóctel que le valió una caída sostenida en las encuestas y lo dejó virtualmente paralizado durante los meses de marzo, abril y mayo.  

Sin embargo, el deterioro mileísta no logró convertirse en una crisis política de conjunto. De hecho, siguió conservando determinadas atribuciones de poder que le permitieron conseguir algunas medidas a su favor, como la media sanción parlamentaria del súper RIGI (un plan de saqueo colonial) y sellar un acuerdo con el CIN y las burocracias sindicales universitaria a cambio de otorgar migajas, configurando una verdadera traición por parte de estas direcciones que ayudaron a Milei a levantar todas las medidas de fuerzas de un  reclamo social que colocó las mayores movilizaciones en las calles de todo su mandato de gobierno.   

Por el lado de la economía, comenzaron a verse índices de inflación a la baja y los salarios, por tanto, dejaron de caer a tanta velocidad. En términos globales la “macro” sigue estable, por lo que inhibe la incertidumbre del dólar y la inflación galopante de años atrás. Más allá de que este esquema económico tenga como sostén global al FMI y al gobierno de Trump, y que su dinamismo principal sea la exportación de materias primas y la timba financiera que induce a una sofocación de la economía real, al gobierno le sirve para mostrar una suerte de éxito, principalmente entre sectores medios y medios altos.  

Por otro lado, en el terreno de la lucha de clases las cosas muestran una estabilidad pasmosa si lo miramos con el contraste que expresa el deterioro de los salarios, la caída brutal del consumo popular y la pérdida del empleo formal. La traición de la CGT facilitando la aprobación de la reforma laboral dio paso a una “tregua” que en realidad habría que definirla como una “paz social pactada” entre los jerarcas sindicales peronistas y Milei. Un acuerdo donde el gobierno no toca los privilegios de la casta sindical burocrática-empresarial y estos sátrapas no convocan más paros ni movilizaciones. Sin estos “servicios prestados” sería imposible para el gobierno hacer pasar el brutal ajuste sobre las espaldas de los trabajadores.  

Una economía de supervivencia laboral 

Pero hay otro elemento que permite comprender la relatividad “calma” entre los trabajadores y tiene que ver con las formas de supervivencia que la economía capitalista está imponiendo. Ante la caída del salario y la pérdida del empleo formal existe un repunte de distintas formas precarizadas de contratación laboral, donde millones encuentran una vía para compensar algo de lo perdido en dos formas: por un lado, trabajando de alguna “changa” o vendiendo algo y con eso sumando unos pesos a su empleo en blanco, y quienes pierden el trabajo formal migrándose hacia la informalidad. La última cifra publicada por el INDEC señala que el 44% de los trabajadores se encuentran en esta situación, configurando un récord en la historia argentina. Además, entre la joven clase trabajadora, menor de 29 años, la cifra llega al 60%.  

Ejemplos de estos abundan en lo cotidiano mediante las nuevas apps. Es muy común que trabajadores estatales y docentes se dediquen a hacer tareas de reparto en auto o moto, se las rebusquen con algún tipo de oficio o vendan algunos productos a sus compañeros de trabajo y círculos de afinidad. La realidad del pluriempleo incrementa la explotación de los trabajadores al extender su jornada laboral y le permite al gobierno contar con un mecanismo de descomprensión de los reclamos salariales: en lugar de pelear por aumento de salario, los compañeros buscan más trabajo.  

Así y todo, estos mecanismos de supervivencia no implican que las y los trabajadores puedan solucionar sus problemas económicos. Ni mucho menos. De hecho, los registros de caída del consumo popular son pasmosos y refieren a una dramática situación en la que viven la gran mayoría de las familias de las y los trabajadores que no les queda otra que recurrir a un creciente endeudamiento con tarjetas de crédito y billeteras virtuales. Según un reciente informe realizado en la Provincia de Buenos Aires, señala que 4 de cada 10 familias tuvieron que reducir su consumos alimenticios para poder pagar deudas1. Y ya en el mes de marzo, una consultora registraba que el 54% de los argentinos había recurrido al crédito no para comprar productos durables como heladeras, autos o un televisor, sino para la compra del supermercado de todos los días.2  

El gobierno, por su parte, intenta desestimar en los medios esta realidad brutal que vive la mayoría de la población mostrando que en realidad la economía sí está creciendo. Pero la realidad de las cosas es más contradictoria y “dual”. Si bien de conjunto la economía mostró un crecimiento en el último año del 2,3%, al desagregar en qué consiste esa suba se percibe una impresionante dinámica desigual: si por un lado crece los sectores de exportación y extractivistas (agro 18%, minería y hidrocarburos 12%, finanzas 7,8%), caen en su actividad lo referido a la industria y el comercio (-1,7%). Además, los últimos datos del INDEC muestran que este crecimiento sólo es para los sectores de mayor poder económico de la sociedad, reflejando que la brecha entre el 10% más rico y el 10% más pobre es de 15 veces superior, cuando hace un año la diferencia era de 13 veces. Es decir: los empresarios son cada vez más ricos y los trabajadores son cada vez más pobres. Una política económica que sólo lleva hacia mayores grados de concentración de la riqueza, basada en la exportación de materias primas, el negocio financiero y la destrucción del entramado industrial.  

Corrupción libertaria y peronismo fratricida 

Al malestar de fondo que la vida cotidiana les impone a millones, en los medios de comunicación se expone a diario un espectáculo que ya se ha vuelto “natural” al gobierno mileísta: los casos de corrupción. Fueron más de tres largos meses donde el escándalo del caso Adorni copó en gran medida la escena política y a pesar de las distintas maniobras, el gobierno no ha logrado solucionarlo y a estas horas los medios de comunicación ventilan que sería inminente su renuncia para evitar que la próxima semana sea destituido por el Congreso. De todos modos, aunque el costo político que pagó el gobierno es muy grande sosteniéndolo en el cargo todos estos meses, en los últimos días logró bajar su intensidad política mediante tres cuestiones: el corrimiento de su función de vocero presidencial, la aparición de los videos de dólares del caso Insaurralde y Jesica Cirio y la instalación cada vez mayor del Mundial de Fútbol.  

Así, de conjunto, el clima de la coyuntura política luce menos adverso para el gobierno que los últimos tres meses y lo más probable es que siga así al menos durante todo el Mundial. Evento deportivo que, aunque arrancó sin clima en Argentina, la combinación de los triunfos de la Selección más las ganas de tener “algo para disfrutar” en el mar de las penurias sociales y económicas que asolan a los explotados y oprimidos, han permitido que se cuele durante todas las tardes y noches en las casas de la población, en las escuelas y los lugares de trabajo.   

Por otro lado, desde la oposición política al gobierno, por el lado del peronismo, las cosas no marchan nada bien. Entre el balance negativo de amplios sectores de masas de la última gestión de Alberto Fernández, sumado a la guerra fratricida entre sus filas alrededor de la pelea entre Kicillof y Cristina Kirchner, la desconfianza en que sea este electo político que pueda dar pelea al gobierno de Milei en 2027 aún parece dominar la percepción generalizada. Una visión que no sólo comparten vastos sectores de su propia base política que, en general, le reclamen “unidad” a sus dirigentes, sino en lo que hace a la propia burguesía y al imperialismo.  

Las expresiones públicas del empresariado, de periodistas del “círculo rojo” e intelectuales voceros del poder económico refieren a que con Milei “el camino es el correcto” para Argentina y que, en todo caso, sería necesario pasar de los “logros de la macro” a “reactivar la inversión productiva y la economía real”. Pero esta preocupación no es puramente económica, sino también política referida a la gobernabilidad del país. Lo que estos sectores advierten es que un proyecto de “destrucción creativa”, como suelen caracterizar al programa mileísta, que se quede sólo en su “fase destructiva” (erosionando la parte que genera el sostenimiento del entramado productivo y laboral) puede hacer peligrar todo el “plan” por el cansancio en “bancar el ajuste” y la Argentina indomable del 2001 y las 40 toneladas de piedras del 2017 vuelvan a cobrar protagonismo.  

En ese marco se comprende la aparición de figuras como Bullrich. Por un lado, los casos de corrupción erosionan la imagen del gobierno ante sectores de clase media alta que en su momento respaldaron al PRO. Por otro, franjas de la burguesía observan con inquietud cómo el desmantelamiento productivo golpea también a una parte de sus propias filas empresariales. Ante ese doble malestar, Bullrich, dirigente con larga trayectoria en el servicio a los intereses del capital, desde los ajustes a los jubilados en 2001 hasta la represión de la protesta social con Macri y con Milei hasta hace pocos meses, busca posicionarse como una alternativa de recambio. Más allá de que por el momento no rompe con el gobierno, en estos meses adversos supo delinearse como lo que algunos ya llaman «mileísmo sin Milei»: la posibilidad de un nuevo ciclo político que preserve las líneas fundamentales del modelo libertario, con los ajustes que sean necesarios, si la actual cruzada entra en crisis terminal. 

Perspectivas y tareas políticas 

Más allá de que en la coyuntura priman los factores que le permiten al gobierno mantener cierta estabilidad en el manejo de los asuntos políticos y la gestión de las variables económicas, no hay que descartar para nada que se avecinen nuevos momentos de crisis y movilizaciones sociales. No sólo por las inconsistencias del propio esquema económico mileísta, producto de la larga caída en pendiente que atraviesa el capitalismo nativo hace ya largos años, sino principalmente porque el proyecto libertario navega en un océano mundial de aguas turbulentas. Otro sería el cantar si Milei fuese Menem surfeando la ola de restauración capitalista en Asia tras la caída del Muro de Berlín y la ofensiva capitalista mundial desatada en aquel entonces.  

Pero el mundo de hoy es otro. El capitalismo lleva años de una dinámica decrépita, con tasas de crecimiento muy débiles que amenazan con tener alguna crisis a la vuelta de la esquina, las posibilidades de guerras como la EEUU contra Irán, se han vuelto parte del paisaje habitual de la forma que tiene el imperialismo de resolver sus asuntos de dominio mundial, etc. Por lo tanto, el grado de dependencia del modelo mileísta a los vaivenes del mundo es muy alto y, por tanto, tiene su destino atado a esa fragilidad global.   

Por lo pronto, desde el punto de vista de la clase trabajadora las perspectivas presentes y futuras son complejas. Si el gobierno logra estabilizarse de forma global, contará con la espalda suficiente para relanzar sus planes de ataque contra todo tipo de derechos conquistados. De ahí que lo más importante de la etapa actual es fortalecer todas las instancias de organización independiente en cada lugar de trabajo, de estudio y frente de actividad como el movimiento de mujeres, los colectivos de trabajadores jubilados, de discapacidad, de derechos humanos, así como apoyar las distintas peleas que están dando desde el conjunto de los explotados y oprimidos. Y al calor de esta tarea continuar sentando las bases para que la izquierda revolucionaria y socialista pueda salir de su rutinarismo electoral monopolizado por el FIT-U y pueda avanzar en construir espacios de organización por abajo, en la forma de asambleas unitarias y abiertas, para que el conjunto de organizaciones políticas y de lucha independientes logremos dar pasos hacia mayores grados de intervención y acción política común. Desde la OST, como joven organización política socialista, apostamos todos nuestros esfuerzos en pos de este camino.


  1. El endeudamiento golpea la mesa familiar: 4 de cada 10 hogares redujeron su alimentación para pagar deudas | Enfoque Sindical 22/06/2026. ↩︎
  2. Inflación y salarios: más del 50% de los hogares se endeuda para llegar a fin de mes | Filo.news ↩︎

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