En medio de una creciente crisis social donde la mayoría de la población desaprueba la política económica del gobierno de Milei, los anuncios en Cadena Nacional sobre las Islas Malvinas se tratan de una nueva farsa en tanto no configuran ningún “giro nacionalista”, sino que expresan la línea de continuidad en el sometimiento a los dictados del imperialismo norteamericano de la mano de Trump.
Para evaluar porque hasta hace un mes Milei defendía el «derecho» de los kelpers a ocupar el territorio argentino a condenar esa usurpación, tenemos que remitirnos a distintos factores: por un lado, de orden internacional y, por otro, de índole nacional, de carácter interno, que explican la dinámica política de los hechos.

Un “giro” bajo la tutela de Trump

El factor más importante, el fundamental, es de orden internacional. Como hemos visto desde que asumió en el poder en 2023, Milei se ubica como un peón político de Trump: actúa completamente sometido y juega a partir de los movimientos que dicta el imperialismo norteamericano. El “giro” en la causa Malvinas se da, entonces, en el marco de las presiones más generales de Estados Unidos sobre el conjunto de Europa de manera que Trump pueda tener más disponibilidad militar en otras partes del mundo, como en Irán o en el hemisferio occidental para hacerle frente al avance geopolítico de China. Como parte de estas exigencias trumpistas, se han intensificado los roces políticos con Inglaterra, en tanto que el estado británico se viene negando a alistarse de forma directa en la guerra contra Irán y, por otro lado, porque Trump viene exigiéndole que aumente aún más los gastos militares de la OTAN.
En primer lugar, entonces, se trata de un giro político en línea con el imperialismo norteamericano y subordinado a sus dictados. Por lo tanto, no hay ningún reclamo soberanista, sino la preferencia de someterse a un imperialismo contra otro. Un dato entre otros que deja en evidencia esta orientación es el anuncio de la construcción de la Basa Naval Integrada en Tierra del Fuego, donde EEUU, por favor de Milei, proyecta hacerse de su control para aumentar su presencia militar en una zona clave del paso interoceánico.
Si los factores internacionales expresan una política reaccionaria en tanto son producto de la subordinación de Milei a Trump, los factores nacionales, propios de Argentina expresan una dinámica opuesta. La presión desde abajo, con un marcado tono antiimperialista, surgida a partir del Mundial y profundizada en la marcha contra la extranjerización de tierras, reactivó una causa nacional que estaba relegado en la población argentina. De un día para el otro, el reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas se reinstaló en el debate político nacional e internacional, generando un impacto incluso en el Reino Unido.
Mediante una maniobra distractora evidente, en un contexto de progresivo deterioro económico y de caída en la popularidad del gobierno, ahora Milei busca “explotar” la justa causa por la soberanía de Malvinas. Sin embargo, su política cipaya de obediencia a Trump hace incompatible que pueda tener un curso favorable y más bien lo hace para intentar reconquistar la legitimidad perdida por el brutal ajuste de sus políticas económicas.
Así, como parte de este operativo, Milei pretende concertar una “unidad nacional”, de modo que todos los partidos políticos y el conjunto de la población se encuadren detrás de este cipayismo disfrazado de nacionalismo. Pero sería un crimen político entrar en esta comparsa cirquensa que sólo tiene como norte sustituir la subordinación británica por la norteamericana. No se debe interpretar este movimiento del gobierno como recogiendo un anhelo popular, en tanto la motivación principal de Milei no responde al interés de la clase trabajadora y el pueblo. De no haber mediado los condicionamientos de Estados Unidos en su presión hacia Inglaterra, el gobierno habría mantenido su alineamiento previo. Milei es la sombra de Trump, no un actor político independiente.
Por este motivo, resulta un grave “error” brindar apoyo político o celebrar este “giro”, como lo han hecho diversos sectores del peronismo, el radicalismo y el periodismo. El gobierno no encarna una reivindicación soberana. Como ya señalamos: obedece a su subordinación a Trump y lo aprovecha para empalmar con un sentimiento popular para disipar el repudio hacia su gestión social y económica.

El justo reclamo por Malvinas

A pesar de esta maniobra, la causa Malvinas sigue siendo un reclamo legítimo y justo en defensa de la soberanía. Pero su efectiva defensa exige denunciar y rechazar cualquier intento de recolonización imperialista por parte de Milei y Trump, al mismo tiempo que señalar el uso espurio del gobierno buscando encubrir la crisis social interna tras una retórica de unidad nacional.
Por otro lado, la demanda por Malvinas no deja de implicar un conflicto entre un Estado de un país oprimido como Argentina y una nación imperialista como Inglaterra. En ese marco, un gobierno realmente antimperialista debería aplicar, de mínimo, todas las normativas legales para sancionar la explotación de recursos pesqueros y petroleros por parte de empresas extranjeras en las cuencas de las islas, medidas que no se tomaron antes por la política de sumisión al imperialismo por parte de Milei.
Por otro lado, bajo ningún punto de vista hay que tener expectativas en que el camino para la recuperación de las Islas puede hacerse bajo la tutela y la “ayuda” de EEUU. Que Milei quiera venderle a la población que con el beneplácito de una potencia imperialista se podrá reconquistar Malvinas es una verdadera trampa y una estafa de proporciones. De esa manera no sólo no se logrará su recuperación, sino que se sumirá a la Argentina en el peligro de entregarla en bandeja a Trump y a sus planes de recolonización.
Un curso que verdaderamente busque recuperar a las Islas pasa por un camino de firmeza política independiente como nación, anclado en la movilización de la clase trabajadora nacional e internacional contra el imperialismo tanto británico como norteamericano que utilice toda las medidas legales, económicas y políticas que estén al alcance. Algo que un gobierno como el de Milei está muy lejos de hacer por su carácter pro-imperialista, ultra-capitalista y reaccionario.

¡Fuera el imperialismo británico de las Islas Malvinas!
Aplicación efectiva de sanciones a todas las empresas imperialistas que saquean los recursos naturales de la Cuenca de Malvinas.
Ningún apoyo político a la farsa mileísta. Basta de injerencia imperialista en América Latina.

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