La Marcha de la Bronca realizada el último sábado fue una importante jornada de movilización contra el gobierno donde miles de personas, convocadas por la izquierda, marcharon hacia Plaza de Mayo en repudio al ajuste y las políticas de Milei. La tarea principal luego de esa jornada es comprender sus alcances y discutir las posibilidades que se abren en la actual situación política para impulsar la organización por la pelea contra el gobierno.
La movilización cayó en un contexto de profundización del deterioro económico y de condiciones de vida de la población trabajadora, al ritmo de la continuidad del terrible ajuste instrumentado por Milei, que está sumiendo al país en la recesión, la caída del empleo y de los salarios, como muestran todos los indicadores sociales y económicos recientes.
Al mismo tiempo, desde el aspecto político la popularidad del gobierno también continúa en caída, aunque con la contradicción de que no sufre todavía un derrumbe. Esto puede comprenderse si consideramos que la situación de crisis material persistente no se traduce todavía a mayor conflictividad social. Y entre las múltiples razones que pueden esgrimirse para explicar esto, hay una que es la decisiva: la histórica traición de la burocracia sindical peronista que pactó con el gobierno la aprobación de la reforma laboral en febrero de este año. Manteniendo esa línea, las conducciones sindicales se borraron totalmente de las calles para enfrentar al gobierno a lo largo del año. La resultante viene a ser que sectores cada vez más amplios que quieren expresar su bronca y fastidio con el ajuste permanente y las políticas de entrega y subordinación de Milei al poder imperialista, no encuentran canales donde canalizar toda esa bronca y avidez por salir a enfrentar a Milei, y esto a su vez permite que el gobierno siga avanzando. Así y todo, la masiva movilización del 6 de agosto pasado contra la ley de entrega de tierras (impulsada desde abajo y a la que solo después terminaron sumándose algunos sindicatos) demostró que existen las fuerzas sociales para ponerle un freno a los ataques del gobierno, infringiéndole una derrota política a Milei en el Congreso y que lo obligó incluso a tener que ensayar un falso giro nacionalista y oportunista de corto alcance alrededor de la cuestión Malvinas.

Dado este contexto político, la Marcha de la Bronca constituyó una novedad política donde fueron las organizaciones de izquierda las que impulsaron una jornada de lucha política contra Milei y que permitió que una parte de esa amplia vanguardia pueda transformar esa bronca en movilización callejera. Lo novedoso de la jornada del sábado fue que logró movilizar a sectores que tradicionalmente no suelen movilizar a una convocatoria de la izquierda revolucionaria y que, de hecho, políticamente en su mayoría todavía se mantienen dentro del campo del peronismo, como pudo verse en la movilización en remeras o banderas que hacían referencia a CFK o que en la Plaza cantaban con los dedos “en V”, o incluso los testimonios de quienes habían ido más temprano al acto de Kicillof en Sarandí y que luego se acercaron a la marcha: todo un síntoma de cómo la izquierda tiene una oportunidad política de hablarle e interpelar a esos sectores dado que el peronismo no los convoca a hacer nada contra el gobierno (el propio Kicillof, en su acto, habló de “aguantar” hasta el 2027). Pero al mismo tiempo también refleja que esta crisis del peronismo y su política de pasividad frente a Milei no resuelve mecánicamente el problema de que esos sectores rompan con esas direcciones. Es alrededor de este problema que queremos aportar a los debates que la Marcha dejó planteados.
Un debate con el PTS
En este marco, como primer elemento de balance el haber realizado esta convocatoria a través de reuniones abiertas, en la medida que se logró forjar una construcción colectiva y unitaria de la jornada. Sin embargo, subsiste el problema acerca de cómo lograr un verdadero reagrupamiento de la vanguardia alrededor de la izquierda, ya no sólo para organizar una acción puntual, sino para discutir un programa y una salida política desde los trabajadores, algo que no viene siendo la política del PTS y que está en contradicción con todas las acciones que vienen llevando adelante a partir de sus iniciativas respecto a los “Comités por Myriam Bregman” y por “un nuevo partido de la clase trabajadora”.
El hecho de que luego de la marcha haya quedado planteado cómo continuar, es lo que ahora impone discutir qué estrategia hay que darse para agrupar a sectores de la vanguardia cada vez más amplios alrededor de la izquierda. En ese sentido, mantenemos nuestro planteo de que la política que viene llevando el PTS no va en ese sentido, sino al contrario, en el único sentido de construir el propio PTS.

Así se desprende de toda la orientación político-constructiva que vienen desarrollando estos últimos meses a partir del crecimiento de Myriam Bregman en algunas encuestas de imagen positiva de referentes políticos. La “oportunidad” que vio el PTS está siendo abordada por ese partido en un sentido estrecho, cerrado, y a la vez meramente electoral. Por eso es que la principal apuesta fue lanzar los “Comités en apoyo a Myriam Bregman”, un planteo que no sólo se circunscribe a lo electoral, sino que además es de carácter cerrado: no hubo ninguna convocatoria -e incluso hubo impedimentos para participar- para los demás partidos de izquierda y otras organizaciones. De hecho, todo el llamado a sumarse a los comités fue planteado de manera individual (“vos haces falta”) dejando bien claro que no se trata de espacios desde donde reagrupar a la izquierda y a la vanguardia sino a espacios del propio PTS, disfrazados de comités “amplios”, pero con el único objetivo de sumarte a militar en el PTS. Nadie les pide a los compañeros que no quieran construir su partido, pero es un error intentar hacerlo a costa de las oportunidades políticas que se abren para el conjunto de la vanguardia.
Son numerosos los testimonios de compañeros y compañeras activistas sindicales, ambientales, feministas o de otros espacios que se acercaron a los comités con cierto entusiasmo, pero se encontraron con que se trataba de un espacio del PTS. La experiencia positiva de la Marcha de la Bronca, lejos de “ratificar” este rumbo, debería servir para demostrar que precisamente hace falta un espacio más amplio, verdaderamente abierto y orientado para la lucha que tendría la posibilidad de batallar para que la bronca contra el gobierno no quede atada de pies y manos por la trampa de “esperar” que propone el peronismo y se convierta en una fuerza social activa. Justamente, la marcha del pasado sábado demuestra la potencialidad que existe de desarrollar esto.
Por el otro lado, la crítica que le esbozan los compañeros del PO no termina de romper con los límites de la convocatoria. Tanto PO como IS han señalado la necesidad de que la marcha sea convocada “por el FITU”. Pero el FITU tampoco es un ejemplo a seguir si el desafío al que se busca responder es cómo reagrupar a la vanguardia para la lucha contra Milei. Precisamente ese frente -con el importante valor de haber sido todo este tiempo una alternativa de independencia de clase- adolece de un límite que desde hace 15 años nunca logró superar: una intervención estrechamente electoral. Desde su fundación el FITU no ha logrado convertirse en otra cosa, y en esa medida, tampoco ha abierto el juego para que allí puedan procesarse otras discusiones de manera abierta al resto de organizaciones.
De hecho, el FITU viene de sentar un grave precedente en el reciente cierre de listas de las elecciones de Bariloche, donde por primera vez desde su fundación sus integrantes competirán en dos listas separadas. Por lo tanto, no parece que el FITU sea la respuesta que hoy necesitamos para aprovechar esta oportunidad política, sino, por el contrario, su superación.
¿Cómo seguimos?
Como venimos planteando desde la OST, somos partidarios de que necesitamos verdaderos espacios abiertos de discusión, organización y reagrupamiento de todos los sectores de la vanguardia que quieren enfrentar a Milei1. Esto puede tomar las formas de comités, asambleas o coordinadoras, realizando una convocatoria verdaderamente abierta y que incluya no sólo a nuestras organizaciones sino también a sectores en lucha, agrupamientos sindicales, activistas independientes, intelectuales, artistas, etc. Un verdadero espacio que parta de reconocer la variedad de expresiones y organizaciones en las que se conforma la vanguardia en nuestro país.
Con esta perspectiva y habiendo quedado planteado como continuamos luego de la jornada del sábado, sostenemos que es imperioso una convocatoria de este tipo, por la puesta en pie de comités verdaderamente unitarios, abiertos y democráticos, convocando a todos los sectores que quieren salir a enfrentar a este gobierno ajustador, entreguista y reaccionario, en la perspectiva de abrir una salida desde y para la clase trabajadora.








